Emocionado por la irrupción de mis antiguos coblogueros me animo a participar en el blogamm. Le tomo la palabra a Sap y redacto un comentario que, en el momento de ser enviado, se pierde en limbo del ciberespacio. Maldición. Lo he vuelto a enviar, con otra dirección de correo, y se ha quedado a la espera de moderación. Ya me ocurrió hace dos años, precisamente en el tiempo en que transcurre la anécdota que cuento hoy. Reproduzco aquí el comentario y añado un par de imágenes para ilustrarlo.
Muchas gracias, Maese Nicolás, por la difusión. Me has hecho rejuvenecer cinco o seis años resucitando a Eduardo Suomi.
:-)
Sap,
Si tú me dices ven.... vengo e intento explicar mi punto de vista.
Yo también querría aprender catalán si me instalase en Cataluña. Quizás no en el minuto 5, ni en el minuto 10, ni en el 15 pero sí a medio plazo. Otra cosa es que, conociéndome, sepa que posiblemente nunca llegase a dominarlo. Porque no tengo facilidad para los idiomas y me da pereza estudiarlos. Es un defecto, lo sé. No me enorgullezco de él, sólo lo constato. He vivido largos períodos de tiempo en el extranjero comunicándome en inglés. Veo todas las series y películas en VO y utilizo este idioma en el trabajo (no para dar clase, aunque podría). Pues bien, a pesar de tanto tiempo de práctica intensiva, escribo y hablo peor que el ínclito JB Toshack cuando se atrevía con el castellano. Envidio a las personas que aprenden idiomas como hobby. Estoy casado con una de ellas (y estuve casado con otra que también).
Hace dos años, en octubre de 2015, participé en una jornada Euroscola en el Parlamento Europeo de Estrasburgo. Asistíamos los alumnos y profesores ganadores del concurso Euroscola en cada país de la UE. Los estudiantes hacían de eurodiputados, reuniéndose en comisiones, presentando conclusiones y votando resoluciones sobre varios asuntos. Para probar el sistema de votación se hizo una pregunta a los alumnos-diputados. Algo así como (hablo de memoria):
¿Es mejor instaurar un idioma oficial en la UE o es preferible mantener los 24 idiomas oficiales?
Una inmensa mayoría de estudiantes votó por mantener los 24 idiomas. Los profesores no teníamos voz ni voto en la sesión pero, si me hubieran dado la oportunidad, habría votado sin duda por un único idioma oficial.
Actualmente coordino un proyecto Erasmus+ con centros educativos de Finlandia, Italia, Croacia y Letonia. ¿En qué idioma nos comunicamos? En inglés, que no es la lengua materna de ninguno de los participantes. Debo de ser muy insensible pero no entiendo los argumentos de Diego Ariza y otros respecto a que un ciudadano debe ser atendido (por el médico) en su lengua materna. Yo creo que debe ser atendido en una lengua que entienda. Si el ciudadano entiende varias lenguas, pues en cualquiera de ellas puede ser atendido. Yo he ido al dentista (en Finlandia), me han atendido en inglés y lo único que he sentido es un gran alivio porque me quitaran el dolor de muelas.
Creo que se debe facilitar a (todos) los ciudadanos el ejercicio de sus derechos. En mi caso, que soy ciudadano español y europeo, entiendo que esta facilidad pasa por establecer un idioma que todos deban conocer. Está bien que me interese por el catalán si me establezco en Cataluña, y si al cabo de dos años me mudo a Donosti pues me interesaré por el euskera y más tarde por el gallego cuando recale en el pueblo de mi suegra. Pero lo que no creo que se deba exigir es aprenderlos. Me gustaría saber cuánta gente habla español, catalán, euskera, valenciano y balear (Ignoro si el valenciano y el balear difieren del catalán mucho/poco/nada. Lamento la ignorancia). Actualmente esos pocos ciudadanos, si es que existe alguno, son los únicos que se pueden mover por todo el territorio nacional y ejercer sus derechos sin merma.
En un futuro utópico yo querría lo mismo para Europa. Un idioma oficial. Me gustaría que fuese el inglés. Pero me daría igual cualquier otro. Uno. Que todos estemos obligados a aprenderlo. Que podamos comunicarnos estemos en Riga, Urbino, Estrasburgo, Murcia o Lisboa.
Termino que me enrollo. En aquella jornada de Euroscola, antes de ejercer como eurodiputados por un día, un par de alumnos de cada instituto subieron a la tribuna para presentar su centro escolar. Había servicio de traducción simultánea para quien lo necesitara. Los traductores estaban en sus puestos. Los profesores, sentados en la última fila, teníamos una visión global de todo el hemiciclo. Desde allí observé como, salvo los nuestros, ningún estudiante hacía uso de los auriculares. Todas las presentaciones fueron en inglés salvo dos. Una fue la del instituto británico, que tuvo la deferencia de hacer la presentación en francés (porque estábamos en Francia o por corresponder al esfuerzo de los demás alumnos por hablar en una lengua no materna). Fue el único momento en el que tuve que acudir a los traductores. Para la otra presentación que no fue en inglés no necesité traducción. En la tribuna estaban dos de mis alumnos. En realidad ex-alumnos. Habíamos ganado el concurso con un proyecto que hicimos en 2º de bachillerato del curso anterior. En esos momentos ya estaban en la universidad. No hubo manera de convencerlos de que hicieran la presentación en inglés. Lo intenté hasta la noche de antes. Entendí su decisión porque, tristemente, su nivel de inglés era pésimo y no se sentían nada seguros (leyendo el texto). Además, estaban en su derecho a hablar en español (para eso estaban los traductores). Pero los italianos también tenían derecho a hablar en italiano y no lo hicieron. Ni los finlandeses hablaron en finés o sueco. Ni... Los únicos que utilizaron su lengua materna para comunicarse fueron, aparte de nosotros, los irlandeses.
Sentí una vergüenza íntima cuando vi que el hemiciclo entero se ponía los auriculares para poder entender a los españoles. E insisto en que comprendí y respeté su decisión. Pobres víctimas de nuestro sistema educativo y del doblaje.
Pero lo que no entiendo, y por eso cuento esta anécdota, es a los que, conociendo un idioma común, se empeñan en utilizar otro que desconoce la mayoría o alguno de los receptores. Lo que a mí me gustaría, y sé que es una ingenuidad, es que los idiomas se "despolitizaran". Que simplemente se utilizara el sentido común, la cortesía y la eficiencia. Y por supuesto que, quienes disfrutan aprendiendo idiomas, que continúen disfrutando con su afición, una de las más nobles que puedo imaginar.
Después de este tocho seguro que ya no vuelves a pedir que participe.
Ayer escribí un comentario en el blog de AMM pero se perdió en el limbo de internet. Ni siquiera en el purgatorio de los condenados a moderación. Missing. Como no es la primera vez que me pasa, tuve la precaución de copiar el comentario antes de enviarlo. Al ver que la publicación no se consumaba intenté enviarlo de nuevo mediante un copia/pega, con el resultado de que la plataforma Wordpress me advirtiera de que el comentario estaba duplicado y, por lo tanto, lo desestimaba. ¿Alguien me lo explica?
Gaspard, es posible que el europeísmo sea una emoción. Pero el
antieuropeísmo es otra, yo diría que incluso de más intensidad. Votar no a
Europa es fácil. Casi todo el mundo vota en contra de algo, muy poca gente vota
a favor. Los catalanes que quieren la independencia a lo mejor creen votar sí a
un Estado nuevo pero lo que de verdad desean es votar no a un Estado viejo.
Muchos electores votan a X simplemente porque no soportan a Y. ¡Qué viene la
derecha-facha! ¡Qué viene el frente bolivariano! Votadme a mí para que no ganen
los otros.
No hay, en tal sentido, demos europeo, no hay un
pueblo europeo. Y por mucho que la vulgara europeísta lo repita, no va a ser
jamás verdad. (...)los pueblos de cada Estado-nación -que es la única forma
posible de demos y el único marco potencial de democracia.
Un poco categórica la afirmación, ¿no? Las sociedades
evolucionan. El Estado-nación tampoco será el fin de la historia. Seguro que la
UE y el euro tienen grandes deficiencias. Como toda obra humana. Como la
democracia yanqui, la británica, la suiza o cualquier otra que se ponga como
ejemplo. Bienvenidas las críticas que sirven para mejorar. Pero me parece
mezquino y cínico no valorar los méritos, que también son llamativos.
A su estilo provocador, creo que Zacarías está en lo cierto. Los ciudadanos valoraríamos más las instituciones europeas
si las conociéramos mejor. Hay un gran déficit de educación (otro). Yo intento
aportar mi granito de arena. En los últimos cuatro cursos he participado con un
grupo de alumnos en el concurso Euroscola que convoca el Parlamento Europeo. El
año pasado lo ganamos. Aquí se puede ver nuestro proyecto:
http://trassierrascola.blogspot.com.es/
Y como consecuencia de ello dentro de pocas horas partimos
hacia Estrasburgo, donde el día jueves 15 celebraremos una sesión en el
Parlamento con estudiantes de otros países. Nuevos ciudadanos europeos.
Aprovecharé el largo trayecto para leer el texto de Manent.
En la banda sonora de mi vida ningún músico ha tenido la presencia constante de Santiago Auserón. Otros me han gustado más, me han emocionado más, pero ninguno me ha acompañado desde mi niñez hasta ahora mismo, sin dejar nunca de escucharlo.
Octubre 1984 - Junio 1988. O lo que es lo mismo desde 5º a 8º de EGB. Lo que duró en antena La bola de cristal. Final de la infancia. Y aunque el protagonismo se lo llevara Alaska, los electroduendes, la pandilla, la familia Monster, Javier Gurrucha o incluso el dúo Reyes - Carbonell, ahí estaban ya las canciones y la voz inconfundible de Santiago Auserón para incrustarse en la memoria.
Y las letras. Tan cuidadas y evocadoras. Si no, hay tenemos el ejemplo de No se ría de la bruja Avería, uno de los personajes más subversivos del programa. ¡Viva el mal, viva el capital!
No se me ocurriría reírme de la bruja Avería pero me parto con el siguiente vídeo. Auserón siempre ha tenido un punto chuleta que forma parte de su encanto pero aquí se pasa de rosca:
Verano de 1990. Dos años en esas edades es todo un mundo. De hecho, me parece otra vida. Acabamos de mudarnos y el instituto no tiene nada que ver (afortunadamente) con el colegio. En un mercadillo callejero que se ponía dos veces por semana en mi nuevo barrio compré una cinta (pirata, pero yo no lo sabía) de Radio Futura. Fue una mis primeras adquisiciones musicales y si no me falla la memoria la última cinta. Luego me pasé al vinilo (mis padres consiguieron una cadena, antes sólo teníamos radiocasette) y enseguida llegó el CD.
Ese verano sólo escuché la cinta de Veneno en la piel y otra que me grabó el hijo de unos amigos de mis padres con canciones de los Beach Boys. Pasaba de A a B y de B a A. No había más. Tampoco escuchaba mucha música. Quizás por eso este disco me trae recuerdos tan intensos de esos meses. La bicicleta recién comprada y con la que me iba por las mañanas a Almacenes Blanco y por las tardes al club. El piso, todavía sin amueblar del todo. Cambios y más cambios. Adolescencia.
A finales de verano asistí al concierto que Radio Futura dio en el patio de mi antiguo colegio. Fui con la pandilla del chaval que me había grabado a los Beach Boys. Eran un par de años mayores que yo. Quedar con desconocidos para ir a un concierto era toda una aventura. Un inexplorado espacio de libertad. Pero el concierto en sí me decepcionó. No sabría decir las causas tantos años después. Supongo que la principal es que yo no conocía nada de Radio Futura aparte de su último trabajo. Además, estábamos lejos del escenario. Me aburrí un poco durante la actuación. Eso sí, durante mucho tiempo guardé la entrada en mi cartera y supongo que todavía la conservo en la vieja caja de recuerdos.
Verano de 1992. Ya escuchaba un poco más de música. Sobre todo española. Mi grupo favorito era Gabinete Caligari pero ese verano escuché hasta la saciedad El directo de Radio Futura. Compré el vinilo y lo grabé en una cinta que ponía a todas horas. Buscaba Escuela de calor y encontré Luna de agosto, El tonto Simón, No tocarte... ahí fue cuando me hice fan de Radio Futura y empecé a buscar todo lo relacionado con el grupo. Justo en el momento en que anunciaban su disolución.
Poco a poco fui comprando sus primeros trabajos: La canción de Juan Perro, De un país en llamas, Música moderna... Todos me gustaban. En las cintas que grababa para las fiestas con mis amigos siempre incluía un par de canciones de Radio Futura. Una conocida (Escuela de calor, Enamorado de la moda juvenil, Veneno en la piel, 37 grados) y otra no. Esta última solía ser En un baile de perros. Una vez me sentí estupendo y grabé Dance usted, aún sabiendo que no era el tipo de canción que gustase a mis amigos. ¡Pero yo también tenía que aguantarme con las que ellos ponían, casi ninguna de mi agrado! Además, para alguien tan poco dado al bailoteo como yo, la letra era todo un mensaje de ánimo. Ya sabes:
Primero olvide el miedo y luego mueva un dedo... muy despacio Libere la presión interior para salir al espacio No pierda una sola ocasión Use el cuerpo en otra dimensión...
Mi canción favorita era La estatua del jardín botánico. Nunca la grabé para ninguna fiesta. Era de disfrute privado. Lo que sí hacía a veces era pedirla en los pubs que frecuentaba. Estas peticiones las hacía a través de mi novia. No por timidez, sino porque tenía comprobado que los pinchadiscos sólo hacen caso a las chicas. A mí me ignoraban por completo. Hace tiempo que no la escucho y me emociono al recordar la letra:
Un día más me quedaré sentado aquí en la penumbra de un jardín tan extraño. Cae la tarde y me olvidé otra vez de tomar una determinación...
Verano de 1994. Un verano horroroso. Hice prácticas en una oficina de la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba durante los meses de julio y agosto. El horario era de 8.00 a 15.00. Me incorporé el uno de julio, antes de terminar los exámenes de final de curso. El día cuatro me tenía que presentar al final de Derecho Mercantil... y lo suspendí.
Lo peor de las prácticas no es que tuviera que trabajar en verano. ¡Lo peor es que no tenía que trabajar! Las prácticas estaban vacías de contenido. Mis obligaciones eran ninguna y tampoco podía ayudar porque, al parecer, "no estaba preparado" para ponerme en una caja. ¿Entonces para qué me quieren aquí?
Al cabo de un par de días hablé con el director de la oficina. Le pedí que contactara con Recursos Humanos para que me trasladaran a otro puesto en el que pudiera ser de más utilidad (o mejor dicho, de alguna utilidad). El hombre fue claro: las prácticas de los alumnos de segundo son así en todas las oficinas. ¿Entonces por qué solicitan estudiantes? Por marketing, por convenio con la universidad, vaya usted a saber. No había tu tía. Ese es el horror que me esperaba: siete horas sin hacer nada, sentado en la mesa tras una ventanilla cerrada, día tras día durante dos meses.
Lo que debería haber hecho es hablar con los responsables de la universidad, denunciar la situación y marcharme a casa. Ni se me pasó por la cabeza. No tenía por entonces el cuajo ni la iniciativa suficiente. Mi único gesto de rebeldía consistió en rechazar el sueldo que me ofrecían. Fue un gesto intuitivo, no razonado. Doné las 50.000 pesetas a una cuenta abierta que había para ayudar a las víctimas del conflicto en Ruanda. No lo hice por generosidad. Es que no quería venderme tan barato. 50.000 pesetas están muy lejos de ser sufientes para compensar un verano de mierda.
Porque ese verano fue una mierda. Así de feo. No contento con perder el tiempo por las mañanas, también lo perdí por las tardes. Mis padres habían comprado un ordenador y, para rentabilizar la inversión, me apuntaron a clases de informática. Curso intensivo. Todas las tardes. Eran los tiempos del MS-DOS. Y tras pasar así los meses de julio y agosto me esperaba septiembre con su insoportable Derecho Mercantil. Brrrrrr!!!
Pero vayamos al grano que me enrollo. Regresemos a la sucursal bancaria. El mostrador de atención al público formaba una especie de L. En la parte frontal había tres ventanillas y en la parte lateral había una ventanilla y el despacho del director. El mostrador estaba protegido con un cristal blindado hasta el techo que abarcaba todo el frontal y el lateral hasta el despacho del director, oculto a la vista del público. A mí me asignaron la ventanilla lateral. Los primeros días se acercaban los clientes a preguntarme por alguna gestión. Al poco dejaron de hacerlo. Se acostumbraron a verme como parte del mobiliario.
¿Y qué hacía yo siete horas sentado en aquella ventanilla? (en realidad eran seis porque disponía de media hora para salir a desayunar y dedicaba otra media hora a archivar documentos). Al principio, maldecir mi mala suerte e idear atracos perfectos mientras observaba lo que ocurría tras el cristal blindado de mi reclusión. Pronto descubrí una vieja máquina de escribir y pedí permiso para usarla. En el mes de junio me había apuntado a clases de mecanografía. Nada. Apenas dos semanas. Lo justo para saber donde colocar las manos y qué dedo debe pulsar cada tecla. Decidí practicar lo aprendido en aquella máquina de escribir. Vale, ya tengo la máquina. ¿Y ahora qué escribo? wwwfffjjjiiilllxxxmmm.
Esto no tiene sentido. Mejor intentar escribir frases. Mi mamá me mima. El banco me aburre.
No sigamos por ahí que además de ridículo puede llegar a ser embarazoso si alguien echa un ojo a mis papeles. Surje la idea: escribir letras de canciones. Estupendo. Lo ideal es copiar canciones con mucha letra. Si supiera inglés copiaría el cancionero de Bob Dylan, pero con mis conocimientos de 1994 no había mejores candidatas que las canciones de Radio Futura. Me las sabía de memoria y contaban con más versos y estrofas de lo habitual en los grupos de rock españoles. No me limitaba a Radio Futura. También copié canciones de Gabinete, Loquillo, La frontera, 091, de los scouts... seis horas diarias durante dos meses, aun con el ritmo torpe del principiante, dan para muchas canciones. Pero ya digo que mis favoritas eran las de Radio Futura. Y de entre ellas, la número uno, la que copié más veces, al menos una vez al día, es la que empieza con Dime dónde vas, dime dónde vas...
Junio de 2007. Sólo tres años y ya había cambiado de vida otra vez. Un año en el extranjero había ampliado mis horizontes, incluidos los musicales, hasta donde no habría imaginado tras el cristal blindado de la oficina siniestra. Faltaban pocos días para que viajase a Finlandia por primera vez. Allí me espera Johanna. Juan Perro, la nueva encarnación de Santiago Auserón, da un concierto en la ciudad y mi hermana sugiere que vayamos a verlo. Está de gira presentando su último trabajo, La huella sonora. El primer single del disco, A la media luna, es muy bueno. Tengo el CD. No recuerdo si lo compré o me lo regalaron (pido disculpas si se trata de esto último). Lo que sí recuerdo es que no me gustó demasiado. Una canción estupenda y el resto no me decía nada.
Una calurosa noche de ese mes Elena y yo vimos actuar a Santiago Auserón (nunca le llamamos Juan Perro, lo siento) en una explanada del interior del Alkazar de los Reyes Cristianos. Fue una noche memorable. Un acontecimiento especial compartido con mi hermana en el momento en el que estábamos dejando, poco a poco, de vivir bajo el mismo techo. Recuerdo que no había mucho público (yo sólo había ido a conciertos de plaza de toros abarrotada) y pudimos acercarnos al escenario. Desde esa cercanía me llamó la atención la barriguita cervecera que lucía el que fuera flaco cantante de Radio Futura. Qué viejo está, pensé.
En lo musical el concierto fue un pequeño fiasco. El problema es que yo quería escuchar a Santiago Auserón y allí el que actuó, tal y como estaba anunciado en el cartel, fue Juan Perro, cuyo trabajo ni conocía ni me atraía. Aquello pareció ser el punto final. Me marché a otra ciudad, y luego a otra, y luego a otra, y regresé a Córdoba, y me volví a marchar a otra ciudad, y luego a otra. Y durante todo ese tiempo dejé de escuchar la voz de Santiago Auserón. Otras muchas voces, casi todas nuevas para mí, ocuparon mi atención.
Año 2006. El tiempo futuro imposible de preveer en aquel lejano concierto de Juan Perro. El tiempo pasado que cimentó mi presente actual. El año que Sonia y yo nos dimos cuenta de que lo nuestro iba en serio. El año en que aprobé las oposiciones. El año en que Santiago Auserón recuperó su nombre bautismal para, en compañía de su hermano, sacar un disco de versiones.
Dos terceras partes de Radio Futura tocando rock. Nada de ritmos cubanos.
Aquello prometía. Y cumplió con creces. Es un disco magistral que no he
dejado de escuchar desde hace ya ocho años. Que no dejamos de escuchar,
mejor dicho. Porque Sonia comparte mi entusiasmo y muchas veces lo hemos
puesto en el coche. Hasta Héctor se ha apuntado al carro. Esta tarde
estaba cantando Suéltame (Set me free, The Kinks) mientras coloreaba unos dinosaurios.
Se podría decir que es fácil sacar un buen disco partiendo de canciones que son clásicos indiscutibles. Yo pienso lo contrario. Es complicadísimo conseguir lo que los hermanos Auserón han hecho en este disco: que las versiones sean tan personales como fieles al original. Completamente diferentes y sin embargo amoldándose al clásico que guardamos en la memoria. Eso sin mencionar el increíble trabajo que han hecho con la traducción de las letras. Traducir al español el texto, manteniendo su significado original e incluso su sonoridad (Suéltame suena parecido a Set me free, cuando la traducción más esperada hubiera sido Déjame, mucho más sosa en todos los sentidos) y aún así encajando perfectamente en la melodía. En mi opinión Las malas lenguas es un disco que justifica por sí solo la carrera de un músico. Hay que tener mucho valor y mucha confianza en uno mismo para atreverse a versionar, traduciendo al castellano, una canción como Hard to handle. Y hay que tener mucho talento para coronar con éxito la empresa. He aquí el resultado. Primero escuchemos la versión de Otis Redding:
Ahora comparemos la letra original con la traducción de Santiago Auserón. Se puede comprobar el esfuerzo por mantener el significado, las metáforas y la sonoridad (let me light your candle - que te dé candela en uno de los versos más endiablados y que Otis canta a toda galleta). Lo mejor de todo es que la nueva letra cabe en la misma canción, siguiendo el mismo ritmo y haciendo las mismas pausas (a pesar de que los monosílabos ingleses son sustituidos por polisílabos castellanos, acentuados siempre donde corresponde).
Baby, here
I am
I'm the man on the scene
I can give you what you want
But you got to go home with me
I forgot some good old lovin'
And I got some in store
When I get to throwin' it on you
You got to come back for more
Boys and things that come by the dozen
That ain't nothin' but drug store lovin' Pretty little thing, let me light your candle
'Cause mama I'm sure hard to handle, now, gets around
Action speaks louder than words
And I'm a man with a great experience
I know you got you another man
But I can love you better than him
Take my hand, don't be afraid
I wanna prove every word I say
I'm advertisin' love for free
So, won't you place your ad with me
Boys will come a dime by the dozen
But that ain't nothin' but ten cent love Pretty little thing, let me light your candle'
'Cause mama I'm sure hard to handle, now, gets around
Baby, here I am
I'm a man on the scene
I can give you what you want
Just come go home with me
I forgot some good old lovin'
And I got some in store
When I get through throwin' it on
You got to come back for more
Boy will come a dime by the dozen
But that ain't nothin' but drug store love Pretty little thing, let me light your candle'
Cause mama I'm sure hard to handle, now, yes around
Give it to me
I got to have it
Give me some good 'ole lovin'
Some of your good lovin'
Oye. Mírame
bien, hace rato que no me hablas
Sé lo que está pasando aquí
porque tengo muchas tablas
Guardo amor del mejor en reserva para ti
Pruébalo y ya verás como vuelves a por más
Juguetitos hay por docenas
en la tienda que no valen ná Déjame que yo te dé candela
ay nena, te juro que soy duro de pelar
Actos y menos hablar
yo soy un tipo con experiencia
Sé que te gusta tontear
pero yo no tengo paciencia
fuera el miedo, ven acá, dime donde hay que firmar.
Voy por ahí regalando amor y tú me intentas regatear
Juguetitos hay por docenas
en la tienda que no valen ná Déjame que yo te dé candela
ay nena, te juro que soy duro de pelar
Oye. Mírame bien, hace rato que no me hablas
Sé lo que está pasando aquí
porque tengo muchas tablas
Guardo amor del mejor en reserva para ti
Pruébalo y ya verás como vuelves a por más
Juguetitos hay por docenas
en la tienda que no valen ná Déjame que yo te dé candela
ay nena, te juro que soy duro de pelar
Oye
Yo quiero hablarte y quiero darte amor
Yo quiero darte amor, yo quiero darte amor
Yo quiero darte amor
Escuchemos ahora la versión de Santiago Auserón, interpretada con el punto de chulería necesario. Lo único que hecho en falta son los instrumentos de viento, que han sido sustituidos por el teclado y, claro, no es lo mismo.
Verano de 2014. Por fin llegamos al presente. Otro verano acompañado por la voz de Auserón. Su voz, tan familiar, resuena en mi interior mientras leo El ritmo perdido. No es una lectura fácil.
Teníamos [en la adolescencia] nuestro punto esnob, leíamos a Freud y a Castilla del Pino sin entender nada de nada (...). No entender nada era una situación normal por aquel entonces. Algunos le cogimos el gusto y seguimos practicando.
Cada vez que me encuentro con un libro impenetrable se convierte en un reto para mí y casi siempre acaba por gustarme, al cabo de unos años. (...) Después de varios intentos infructuosos, quizá realizados antes de tiempo, un día cae el velo, se despeja el camino, algo cede de pronto, uno admite como legítima toda libertad con el lenguaje, y prosigue la lectura riéndose a carcajadas. La dificultad intelectual y la risa tienen mucho que ver, en mi opinión.
Pues se ve que Auserón nos quiere hacer reír. Apabulla con referencias, notas a pie de página, nombres de músicos y
estilos musicales olvidados y citas eruditas. Amante de las lecturas
crípticas, es partidario de que sea el lector, con su atención activa,
el que se gane el derecho a comprender el mensaje. El templo de la
sabiduría no abre sus puertas fácilmente. Hay que merecer la entrada. Así, en el capítulo El gato encerrado hace un estudio antropológico, histórico y musical sobre la identificación de los animales con las personas. Todo para ocultar la razón por la que decidió ser Perro (razones literarias, alega, sin exponer cuáles). En el capítulo El panteón de la rumba se mete en berenjenales etimológicos (rombo-rumbo-rumba) y en explicaciones musicales de un tecnicismo que se escapa a un profano como yo. Abro una página de ese capítulo al azar y copio:
La clave de son incita a la continuidad, su fluir rítmico se aligera con cada repetición, se intensifica hasta llegar al montuno. Respecto a ella, la clave de rumba desplaza solamente una semicorchea en la tercera nota del segundo compás, creando un rincón imprevisto: esquina de sombra, silencio y golpe inmediato, sensación de alerta entre dos compases, ocasión para el gesto de felino al acecho.
Se produce un diálogo constante en mi cabeza entre lo que leo y lo que he escuchado durante tantos años. Empezando por el subtítulo del libro. Leo Sobre el influjo negro en la canción española y mi memoria responde Semilla negra. Leo:
Ciertos patrones rítmicos duran más que un imperio, quizá más que una lengua, suscitan cuestiones comparables a los grandes asuntos geopolíticos, aunque no conocen fronteras. En ellos no está comprometida la propiedad de la tierra, ni el carácter de un pueblo. Son estructuras dinámicas que se fortalecen en la variación y el intercambio, células invisibles que no enferman ni hacen enfermar, pero se contagian como un virus de un cuerpo a otro.
Y mientras lo leo, en mi cabeza suena A cara o cruz:
Porque el amor es una enfermedad
que una vez contraída no se cura
Y por más que uno quiera perdura
y se contagia con facilidad
Antes de entrar en materia, Auserón esboza una breve autobiografía con recuerdos de su infancia y juventud que es un tesoro para sus seguidores. Para mí ha supuesto un redescubrimiento de su figura. Por lo pronto es mayor de lo que imaginé (No es que esté mayor, como pensé cuando lo vi de cerca en 1997, es que es mayor). Ayer cumplió sesenta años. Cuatro más que Jaime de Urrutia y Antonio Vega; cinco más que Carlos Berlanga; seis más que Loquillo y Julián Hernández; siete más que Germán Coppini, Carlos Segarra y Rafa Sánchez; ocho más que Álvaro Urquijo; nueve más que Alaska y Nacho Cano; diez años más que David Summers. De los músicos españoles que triunfaron con sus grupos en los años 80 sólo Manolo García, nacido en 1955, se acerca en edad a Santiago Auserón (1954).
De la vida de Auserón yo sólo conocía que había nacido en Zaragoza y que había estudiado Filosofía en París. Esto último me hizo creer que provenía de una familia de clase media acomodada. Error. Las circunstancias vitales de la infancia de Santiago Auserón tienen más en común con las de mis padres (sólo seis años mayores que él) o con la de Antonio Muñoz Molina (1956) que con las de sus coetáneos musicales. Muy joven tuvo que ponerse a trabajar. Lo hizo de delineante en la empresa en la que trabajaba su padre. Se sacó el Bachillerato por libre. Así lo cuenta:
Trabajando en el canal de El Granado, mientras vivía en Castillejos y en La Puebla, no tuve más posibilidades de estudiar que hacerlo por mi cuenta. Don Manuel, el maestro de escuela de Castillejos, me ayudó hasta cuarto de bachiller y luego renunció honestamente a cobrar por estudiarse los libros a la vez que yo. Me presentaba por libre a los exámenes en el instituto Ramiro de Maetzu de Huelva. Hasta entonces había sido un alumno mediocre, pero de pronto empecé a experimentar cierta avidez intelectual -cosa que de por sí no es particularmente loable-, y las dificultades para llevar adelante los estudios no hicieron más que servir de acicate. ¿Basta que el aprender deje de ser obligación impuesta para que se transforme en objeto de deseo? Bastaría, quizá, si la cultura fuese aceptada socialmente como placer u objeto de lujo, tan deseable para el adolescente como una moto o el primer automóvil. Por suerte o por desgracia no es así, casi nadie reconoce que el pensamiento viaja más rápido que los medios de transporte (...). Yo me consideraba como un trabajador que se atreve a aspirar al mayor lujo de los antiguos linajes, como un negro que en vez de soñar con adueñarse de la fábrica o pegarle fuego a los campos de algodón pasase directamente a saltar de nube en nube, quizá en pos de la procesión de los santos.
De Huelva trasladaron a su familia a Madrid. Allí continuó trabajando de delineante al tiempo que ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Complutense en horario nocturno. Parece el personaje de El guitarrista, la novela de Luis Landero (otro que es casi de su quinta).
En fin, que con la lectura del libro todavía inacabada nos dirigimos al auditorio Batel para presenciar el homenaje que el festival La mar de músicas concede a Omara Portuondo. El encargado de entregar el premio no es otro que Santiago Auserón / Juan Perro. Ahí estaba, tan envarado y nervioso como se aprecia en la foto, intimidado por la presencia de la diva:
Y yo, desde mi butaca, mientras disfrutaba de la estupenda orquesta Buena Vista Social Club, me asombraba de pensar que hace ya un cuarto de siglo que vi por primera vez actuar a este pedazo de artista. Otros me han gustado más, me han emocionado más, me han acompañado más, pero ninguno abarca un periodo tan amplio. Desde la infancia a la madurez. Y lo que queda por vivir. Porque ahora estoy preparado para adentrarme, de la mano de Juan Perro, en los ritmos cubanos, en la Zarabanda o en lo que proponga este músico filósofo y vagabundo.
Alabados sean los pies del viajero,
la huella sonora que persigo yo...
Hace casi dos años que descubrí el blog de Muñoz Molina. Ese mismo día escribí mi primer comentario. En él le mostraba mi agradecimiento por tantos buenos ratos y por tantos descubrimientos. El último descubrimiento, en aquellas fechas, era el de José Moreno Villa.
Acabo de comprar en la feria del libro del instituto el libro que decidí regalarme en esta edición. La feria del libro que organiza el instituto es una buena oportunidad para ceder a la tentación de comprar libros "especiales", más caros de lo habitual. Cada ejemplar se vende con un descuento del 22.5 % (el año pasado era el 25 %. ¿Hay algo que no esté afectado por los recortes?). Un 10 % lo descuenta la librería Luque, que es la que suministra los libros, un 10 % lo subvenciona el instituto y el 2.5 % restante lo subvenciona la asociación de padres.
Aquí estoy, como un niño con jueguete nuevo, hojeando, sopesando e incluso olisqueando (que bien huele) un ejemplar de Memoria, libro publicado por La Residencia de Estudiantes que reune por primera vez los escritos autobiográficos de José Moreno Villa (aunque esta afirmación no es del todo cierta. No incluye el diario que escribió de su viaje a Nueva York. Supongo que en Vida en claro, autobiografía escrita con posterioridad al diario, se reflejan las vivencias de ese viaje. Incluir el diario y la autobiografía en el mismo volumen hubiera podido ser reiterativo. No sé, no sé. Me hago este razonamiento para consolarme pero no funciona. La verdad es que ha sido una pequeña decepción bucar pacientemente en el Indice y no encontrar Pruebas de Nueva York en ninguna parte).
Hay libros que son un lujo. Este es uno de ellos. Por su contenido, por su cuidada edición. Abro una página al azar y leo:
Recuerdo bien donde lo vi por vez primera. Estaba parado en la puerta del Ateneo. Yo venía con Juan Ramón, que me dijo: <<Mire, aquél es Antonio Machado>>. <<¿Aquél tan sucio?>>, le pregunté. <<Sí>>.
Además de sucio era distraído. Una tarde, me senté a su mesa en el Café Kutz. Estaban con él su hermano Manuel y un tal Fernández que sabía de teatro. Éste y Manuel estaban fumando, yo saqué mi petaquilla, tomé un cigarro, y como los que yo fumaba no solían gustar a los españoles, no le ofrecí a Antonio. Éste, sin embargo, distraído, y creyendo que yo le había dado uno, encendió una cerilla y se la aplicó a los dedos llevados a la boca.
Esta es la foto que ilustraba el estupendo artículo de Muñoz Molina del pasado sábado en la versión digital de El País:
Este es el chiste gráfico que publica hoy Nemesio en el Diario Córdoba:
¿Casualidad? ¿Mensaje subliminal? ¿Homenaje encubierto? ¿Qué razones dio la CIA cuando utilizó una fotografía de Llamazares para realizar el retrato robot de Bin Laden?
Dicen que una de las razones para leer a los clásicos es que sus escritos mantienen la vigencia a pesar del tiempo transcurrido. Este artículo fue escrito por Antonio Muñoz Molina hace quince años. Parece que lo hubiera escrito ayer mismo:
Después de una década a las personas de izquierda nos está cambiando ahora el signo de la melancolía, que según dejó escrito Mariano José de Larra es el sentimiento más arraigado de los liberales españoles. Hasta hace nada, lo que nos ponía melancólicos a los de izquierdas eran las sinrazones que cometían los nuestros. Ahora parece que las cosas van volviendo a su cauce y que la fuente legítima de nuestra melancolía vuelve a ser las sinrazones de los otros, lo cual, en cierto modo, no deja de ser un alivio, e incluso le permite a uno la ilusión de averiguar alguna vez quiénes son exactamente los nuestros.
El gran Cyril Connollly se consideraba a sí mismo el único miembro de una minoría de uno solo. Todos estos años atrás muchos demócratas y liberales españoles -usando la palabra liberal en su sentido noble y antiguo, no como ese sinónimo de canibalismo económico en que se ha convertido últimamente-, nos hemos sentido solos, dispersos en minorías robinsonianas de misantropía o naufragio, y yo creo que sólo en los meses previos a las elecciones de marzo volvimos a tener una conciencia razonablemente nítida de dónde estábamos, aunque no de quién estaba con nosotros. Según arreciaba la ofensiva de los periódicos amarillos, de la izquierda chiíta y de la derecha histérica en vísperas de la campaña electoral, muchas personas que no profesaban la menor simpatía hacia el gobierno socialista empezaron a temer que los dinamiteros de eso que se llamaba tan abusivamente "el Régimen" no tendrían escrúpulo, si les venía bien, en llevarse por delante la estabilidad de las instituciones democráticas.
(...)
La recién nombrada ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, a quien ya se le conocían sus méritos temibles como concejala en el ayuntamiento de Madrid, ha declarado con toda claridad, con perfecto impudor, que una de sus tareas inmediatas va a ser la de cerrar escuelas públicas "no rentables" (sic) e incrementar las subvenciones a las escuelas privadas más favorecidas por los padres. Hasta hace nada, de lo que se escandalizaba uno era de que con coartadas de izquierda se desguazase la instrucción pública: ahora la melancolía y hasta la combatividad vuelven a su sitio cuando la derecha, con lo que amenaza, es sencillamente con cerrar las escuelas.
Dice Kenneth Galbraith que lo que está ocurriendo estas últimas décadas en el mundo es una revolución de los ricos contra los pobres. A los pobres van a escatimarles ahora las escuelas públicas para que los ricos asistan con mayor comodidad y menos gasto a sus escuelas privadas, y a uno vuelve a subírsele la sangra jacobina y se le definen otra vez los puntos cardinales de su diatriba política. Según Sartre, cuando se abandona la izquierda se encuentra uno perdido en un túnel oscuro, ve una luz al fondo, sale a ella y se encuentra en la derecha. Aquí, después de tantos años de incredulidad y de melancolía hemos salido del túnel para encontrarnos exactamente donde estábamos. De nuevo hay que defender la escuela pública. De nuevo hay que cuidar con celo vigilante la libertad de expresión, porque a la derecha, en cuanto gana, le vuelve el viejo instinto de prohibir, así que ahora han prohibido en Valencia una exposición de fotografías porque aparecen en ella padres y madres e hijos desnudos [¿no ocurrió hace poco algo parecido en Extremadura?] (...).
Parece que algunos estén utilizando la excusa real de la crisis para aplicar al máximo sus ideales neoliberales. Y por ahora lo están consiguiendo. Lo peor de todo es que la mayoría de la sociedad asiste inpertérrita a los recortes sociales como si fueran simples conflictos laborales. No debería ser solo el personal sanitario de Cataluña el que proteste, deberían protestar todos los enfermos potenciales, es decir, TODA LA SOCIEDAD. Y lo mismo con la enseñanza en Madrid y Castilla La Mancha. No debería ser un pulso entre profesores y gobiernos autonómicos, debería ser un pulso entre toda la sociedad y esos mismos gobiernos. Entonces SEGURO que se podrían encontrar medidas alternativas para reducir el déficit. Nada más por hoy:
Hace un año por estas fechas mi padre me reenvió uno de esos email curiosos que a su vez le reenvían alguno de sus contactos. Se trataba de un chiste en el que se parodiaba la evolución de la enseñanza en España y más concretamente la evolución de la enseñanza matemática.
La verdad es que no me hizo demasiada gracia, me pareció que el chiste redundaba en uno de los muchos lugares comunes que pululan sobre la enseñanza y que impiden un análisis desprejuiciado de sus problemas reales. Reproduzco el mensaje de respuesta a mi padre en el que adjuntaba una copia de los exámenes de septiembre que acababa de poner unos días antes:
Sí que me parece exagerado.
Te mando los exámenes que he puesto en septiembre para que compruebes qué es lo mínimo que se exige para aprobar las matemáticas en 2º y 3º de la ESO (13 y 14 años respectivamente).
Recalco que los exámenes de septiembre son de contenidos mínimos. Las preguntas son más fáciles que en los exámenes ordinarios del curso. A cambio, para que un alumno apruebe debe tener bien TODOS los apartados. Y aquellos alumnos que superan la prueba, es decir, aquellos que tienen TODOS los apartados bien, aparecen en las actas de evaluación de septiembre con la calificación de 5 (suficiente).
Afortunadamente estamos todavía muy lejos del chiste.
Apenas tres meses después una de las comentaristas habituales transcribió el chiste en el blog de Muñoz Molina. Lo podéis leer aquí. La reacción que me produjo esta vez fue muy diferente a la primera. Seguía sin hacerme gracia pero ahora me incomodaba de una manera más insidiosa. Intentaré explicar por qué.
El curso pasado me dieron traslado a un instituto que hay muy cerca de mi casa. Se trata de un centro de Educación Compensatoria. Esto significa que una parte importante de los alumnos matriculados requieren de una atención especial por pertenecer a familias con riesgo de exclusión social. Por primera vez en mi vida tengo alumnos gitanos. Además hay inmigrantes, algunos de los cuales no dominan el español, y alumnos payos de familias desectructuradas o con graves problemas económicos. También hay muchos alumnos, sobre todo en el bachillerato pero también en la ESO, que pertenecen a familias integradas y que pretenden continuar sus estudios en un Grado Superior o en la Universidad.
Es un instituto diferente a cualquiera que hubiera conocido antes. Como es un Centro de Educación Compensatoria hay más recursos humanos de lo habitual para atender a los alumnos con más necesidades: clases de español para los inmigrantes que no lo dominan, grupos flexibles, desdobles, etc.
En la ESO, que es donde se concentra el grueso del alumnado con necesidades educativas especiales, la política del centro consiste en separar a los alumnos por necesidades e intereses. En el grupo A están los alumnos que quieren estudiar y no necesitan apoyo. En el grupo B están los alumnos que quieren estudiar y necesitan apoyo. En el grupo C están los alumnos que no quieren estudiar.
En el grupo A hay 25 alumnos, un profesor por asignatura y no tienen desdoble.
En el grupo B hay 20 alumnos, dos profesores por asignatura y existen desdobles.
En el grupo C hay 10 alumnos, dos profesores por asignatura y existen desdobles, talleres y aulas flexibles.
Otra de las medidas que adoptó el centro para favorecer el éxito escolar de los alumnos con problemas es que tengan el menor número de profesores posible, al menos en los dos primeros años de la ESO. La idea es que estos alumnos consiguen empatizar y respetar más al profesor si pasan muchas horas con él en el aula, como si fuera una prolongación del colegio donde la figura del maestro sí que parece tener mayor consideración.
En mi horario tenía adjudicadas seis horas semanales con 2ºB, las tres de matemáticas más las tres de ciencias naturales. Mentiría si dijese que no me sentía inquieto ante ese panorama. Y no solo por los alumnos. También tenía muchas dudas sobre cómo iba a funcionar trabajar en el aula con una profesora de apoyo las seis horas. La única experiencia que yo tenía de compartir aula con otro profesor (en un instituto de Cuenca) había sido un desastre absoluto. A eso había que añadir que las ciencias nunca han sido una de mis asignaturas favoritas y que tendría que preparar las clases de una materia que no me gusta y de la que ignoro hasta los aspectos básicos.
Cuando comenzamos las clases y conocí a los alumnos que integraban el grupo me di cuenta de lo difícil que iba a ser. Desde luego ya me podía ir olvidando de dar las clases como estaba acostumbrado. Por lo pronto, hacer tareas en casa no formaba parte de su estilo de vida. Si quería que hicieran algún trabajo o ejercicio tendría que darles tiempo para hacerlo en clase. No eran nada autónomos, requerían de tu ayuda y atención constantemente. Cada pequeña cosa que hacían, por simple que fuera, implicaba múltiples requerimientos previos para dejarles clarita la actividad y otros tantos para ir comprobando que cada paso que daban era correcto (o corregirles en caso contrario, que era lo más habitual, sobre todo al principio). Si tenían alguna duda querían que se les resolviera de inmediato y de forma individual, nada de esperar a una puesta en común y corregirlos todos en la pizarra.
Otra característica era que su capacidad para estar concentrados en una actividad era muy limitada por lo que mejor planificar seis actividades cortas que una larga. Si les mandabas un ejercicio, luego otro, luego otro y así, podían pasarse toda la hora trabajando, pero si les decías que iban a hacer cuatro ejercicios seguidos lo veían como una tarea imposible y no hacían ninguno.
Pero la principal característica era que no había características comunes. Cada individuo de ese grupo era un alumno "especial", con una problemática y una forma de ser que lo diferenciaba del resto del grupo (no digamos ya de los alumnos con los que yo había trabajado anteriormente). Cada alumno por sí solo y cada uno por motivos diferentes necesitaba mucha ayuda.
En el grupo había tres alumnos chinos que llevaban en España pocos meses. Si ya era difícil que te entendieran en una conversación ordinaria, no digamos un texto científico aunque fuera de un libro de 2º de ESO. En cambio, en matemáticas eran muy buenos y no necesitaban traducción ni en los problemas. Decidimos que la profesora de apoyo sacara a estos alumnos y a dos más que tenían especiales dificultades en las horas de ciencias para darles clases casi particulares y yo me quedaba en el aula con el resto del grupo. En las clases de matemáticas la profesora de apoyo (gran profesional con la que trabajé estupendamente. En ese sentido los temores se disiparon muy pronto) se quedaba dentro del aula y me ayudaba a atender los constantes requerimientos de los alumnos.
Además de los chinos había un número indeterminado de gitanos (luego, cuando ya nos teníamos confianza, me enteré de que sólo eran cinco gitanos). El resto eran payos. Lógicamente yo no iba a preguntar quién era gitano y quién no. Payos y gitanos se parecían muchísimo en su físico y en la manera de vestir y comportarse. En ese sentido el grupo era un ejemplo de integración.
Cuando llevábamos mes y medio o dos meses de clases, empecé a relajarme. Con sus peculiaridades el grupo parecía ir funcionando. No había problemas de disciplina (otro temor disipado) y parecía que poco a poco se estaba instaurando una dinámica de trabajo (en clase, ya he dicho que en casa nada de nada). Un día requisé un papel a J.
J. era el único alumno de la clase que no vivía en el barrio. Vive en una zona de parcelas a las afueras (barriada que también está adscrita al centro y de donde provienen la mayoría de los alumnos de los grupos A). Desconozco la realidad familiar de J. pero no es la que desearía para nadie, y menos a la edad de catorce años. J. no tiene ningún control familiar, no tiene horarios ni rutinas. Una vez llamó su madre al instituto preocupada porque su hijo llevaba dos días sin aparecer por casa. Según J., que sí había asistido a clase esos días, había pasado las dos noches en casa de un amigo y no había sentido la necesidad de comunicárselo a nadie. ¿Cómo puede la madre tardar dos días en empezar a buscar a su hijo que, repito, al menos esos días sí había ido a clase?
La actitud de J. en clase era la de alguien que está de vuelta. Sus compañeros eran unos panolis, unos niños que no sabían de qué iba la vida. Tenía un punto chulesco pero de una manera sui generis. Es como si fuera chulo por dentro y componedor por fuera. Esa era mi opinión cuando le requisé el papel. Con el tiempo me di cuenta de que esa chulería no era tal, sino una costumbre de vivir y actuar según le dictase su santa voluntad. Por eso no había agresividad en él, ni siquiera cuando te desobedecía. J. se había criado sin tutela familiar y era un ser libre, tranquilo y un poco triste. O tal vez esa tristeza que le vislumbraba era el reflejo de la pena que me daba su situación.
Al terminar la clase J. se acercó un poco nervioso a pedirme que le devolviese el papel que yo ya tenía olvidado y traspapelado en el desorden de mi cartera. Su nerviosismo picó mi curiosidad y leí el texto antes de devolvérselo. Era una especie de poema pornográfico. Me explicó que era la letra de una canción rap que había compuesto. Medio en broma medio en serio le repliqué que ya que le gustaba componer canciones podría componer una con motivo del tema que estábamos estudiando (La función de reproducción). Estaba dispuesto a subirle hasta un punto y medio en la nota del próximo examen si la canción era buena.
Ahí quedó la cosa. Enseguida olvidé el asunto. Hago muchas propuestas similares y la inmensa mayoría cae en saco roto. A la semana siguiente J. se presentó con una canción que resumía los principales aspectos del tema tres. Me la enseñó y, aun sin salir de mi sorpresa, le dije que tendría que cantarla delante de sus compañeros para ganarse los puntos. Una canción necesita ser cantada para ser una canción. Se hizo un poco de rogar pero finalmente accedió. En el fondo estaba encantado de poder interpretar su composición delante de sus compañeros. Cuando faltaban diez minutos para terminar la clase salió a la pizarra y rapeó. Para mí fue un momento mágico, además fue el momento en el que tuve claro que me había hecho con el grupo y que no ibamos a tener problemas durante todo el curso. Los alumnos se tomaron totalmente en serio la actuación. Ninguno hizo burla, todos estaban atentos y terminaron aplaudiendo sinceramente. Es más, se produjo efecto contagio y P. (el alumno más problemático y un auténtico chulo. Uno de esos, afortunadamente pocos, con los que nunca puedes bajar la guardia) afirmó que él también sabía componer rap (no iba a ser menos, claro está) y que quería componer una canción para el próximo tema.
J. se ganó su punto y medio. Le pedí que me entregara el texto de la canción y si me lo podía firmar. Lo hizo con su nombre artístico. Esa misma tarde le conté entusiasmado a Sonia lo que había ocurrido. Después de contárselo le quise enseñar el texto de la canción y en ese momento, al volver a leerlo, fui por primera vez consciente de lo que podría pensar alguien que lo leyera sin conocer a J. ni a los alumnos de 2ºB. Seguramente esa persona, yo mismo apenas dos meses atrás, pensaría que se trataba de un mal chiste. Esto es lo que escribió J. y que mereció tantos elogios por mi parte (hay que intentar leerlo a ritmo de rap):
Si las clases te rayan, manda a tomar por culo al estres llega Jota esta vez con el tema tres. Los seres vivos nacemos cresemos, vivimos y nos reproducimos, y tarde o temprano nos morimos en este aspecto con las plantas coincidimos.
La reproduccion sirve para evitar la extincion, mantener la especie y aumentar la poblacion. Existen dos tipos asexual y sexual quisas esta ultima sea la mas normal la union de gametos, macho y embra se unen en uno cual semilla que se siembra.
Aora la asexual divicion selular con aspecto similar.
En algunos seres vivos estas formas se alternan a esto se llama reproduccion alternante esto para los animales solamente. y en los vegetales alternancia de generaciones.
En la sexual existen tres fases esto es importante no pases la primera es la formacion de gametos no es dificil de aprender si no eres un paleto tras la divicion selular se forman los gametos con la mitad de cromosomas de la selula original
El segundo la fecundacion es la union de gametos poned atencion paletos se crea una nueva selula de nombre cigoto ya puedo oirlo no armeis tanto alvoroto.
En el ultimo lugar el desarrollo del embrion, escucha vien, pon atencion El huevo se divide susesivamente y da lugar al embrion que crese asta formar un nuevo ser diferente
En las reproducciones asexuales existen cuatro modalidades, esporulacion, gemacion fragmentacion y biparticion No las describo porque sería muy larga esta cancion.
Bale, he ablado de los tipos de reproduccion pero ahora toca explicar la ejecucion como es en los umanos lo sabreis pero de las plantas lo mismo no presumireis hey chaval, no te tires por las vias yo ace un tiempo tampoco lo sabia.
En los sacos polinicos se guardaba el polen lo que para nosotros seria el semen el polen que portan estos son transportados por el viento y algunos insectos llegan a otra flor de la clase misma yega y se introduce por el estigma atraviesa el estilo todo junto se llama pistilo el ovulo y el polen se fecunda, crea una semilla ????? (palabra ilegible) cuanto esta cae al suelo y se planta si en el invierno por el invierno no se achanta buelve a salir una nueva planta. Y asi se sierra el siclo de la vida, recargate que te as quedado sin pilas.
Cada vez que veo a alguien tirar una colilla o cualquier otro desperdicio al suelo, tengo que reprimir el instinto de reprenderle. Supongo que es deformación profesional. De tanto darle la vara a los chavales para que tiren la basura a la papelera, de tanto discutir y de tanto obligar a recoger y limpiar he desarrollado una especial sensibilidad en este tema.
Me choca, me quedo sorprendido. No puedo creer que una persona adulta tire la basura al suelo. ¿Tanto cuesta avanzar dos pasos hasta la próxima papelera? De verdad que no puedo entenderlo. Me quedo mirando a la persona, no de manera recriminatoria, sino intentando imaginar cómo es. ¿Cómo es una persona que tira la botella de agua vacía al suelo? ¿Cumplirá en su trabajo? ¿Será cariñoso? ¿Se puede confiar en alguien así? Se comienza escupiendo el chicle al suelo y se termina cometiendo las peores atrocidades.
Este video lo enlazó jose antonio al blog de AMM hace unos meses. Algo parecido he visto, o he creído ver, esta mañana. Gracias a los madrugones de Héctor llegamos a la playa cuando sólo hay gente paseando o haciendo jogging. Somos los primeros con sombrilla y sedentarios. Justo cuando terminamos de soltar los bártulos veo acercarse a un corredor. Es un joven con zapatillas de atletismo y pantalón corto de deporte, con buena técnica y musculatura de anuncio. Un profesional del mantenerse en forma. Cuando ya está casi a nuestra altura, se agacha y recoge de la arena húmeda el envase de una tarrina de helado y los restos de una red.
Me quedo atónito. Por un instante imagino que es un vigilante de la playa, alguien contratado para mantener la playa limpia y decide hacerlo a la vez que se pone en forma. Pero no, después de siete veranos viniendo a esta playa, conozco por experiencia el abandono y la nula inversión en su mantenimiento. Ha sido un gesto espontáneo de ese joven, a quien me quedo mirando dedicándole una cerrada ovación (mental, por supuesto).
No debí haber prolongado tanto la ovación. No debí haberme quedado mirando. Porque esto fue lo que vi: en plena carrera, sin llegar a frenarse, el joven lanzó la tarrina y la red hacia la zona de arena seca -cayendo a escasos quince metros de donde había una papelera- y continuó su carrera a buen ritmo. ¿Qué había sido aquello? ¿Quién me lo puede explicar? ¿Se había limitado a retirar la basura de la pista de atletismo (arena húmeda) para evitar esguinces u otros percances? ¿Estaba practicando algún tipo de técnica de lanzamiento de objetos? ¿Intentó evitar que la basura fuera arrastrada por las olas hacia el mar? ¿En ese caso, su conciencia ecológica marítima no incluye la limpieza de la playa? ¡Es que no lo entiendo!
En cualquier caso, hoy lo que había en la arena (no digamos ya en el agua) no era basura sino medusas. No había quien se pudiera bañar. La gente se entretenía sacando medusas y enterrándolas en la arena. Algunos lo hacían con más arte que otros.
Podría dedicarle este post a Sonia por haberme regalado el libro sobre el que trata. O por muchas otras razones que las guardo para mí. Pero se lo dedico porque, según iba leyendo el libro, me iba acordando de muchas observaciones y comentarios suyos. Digamos que si habitualmente la lectura de un libro de divulgación es un diálogo entre autor y lector, en este caso ha sido una conversación a tres bandas en mi cabeza.
Azuqueca de Henares, últimos días del curso en el que nos conocimos. Todavía éramos solo amigos y compañeros de trabajo. Mis padres me habían prestado el coche para hacer la mudanza. Un día fui a recoger a Sonia para ir a Carrefour (los que estamos en el ajo sabemos lo divertidas que fueron aquellas excursiones a Carrefour). Cuando se subió al coche y escuchó la música que llevaba puesta, una cinta con interpretaciones de Louis Armstrong (sonaba Go down Moses), afirmó que esa era la música de unos dibujos animados. Anda ya. Que sí, seguro. Esa animada discusión fue el inicio del menage a trois formado por la música jazz, Sonia y yo.
Hablemos del libro. Es una mezcla de varios géneros: autobiografía (cómo empezó Wynton Marsalis a tocar...), divulgación (técnicas de jazz, los grandes maestros...), autoayuda (se avisa desde el título: cómo la música puede cambiar tu vida) y ensayo (el jazz como ejemplo de integración, democracia...). Está escrito como para que lo lea un chaval que no ha leído un libro en su vida. Es decir, lenguaje coloquial con coletillas que se repiten constantemente. No parece que el lenguaje haya sido una preocupación de los escritores. Además está muy mal traducido. A veces, una frase rechina y, los que sabemos algo de inglés, podemos imaginar cuál era la frase en su versión original, y como al traducirla "literalmente" pierde todo sentido. Hay palabros como "absurdidad" que no tienen por donde cogerse. A pesar de todo eso el libro merece la pena. Ojo, merece la pena si apenas sabes nada de jazz. Es una toma de contacto a un nivel extremadamente básico de este tipo de música.
La mayoría de las actividades que requieren de una audiencia participativa disponen de un método para que el novato aprenda a disfrutar más aún de lo que se interpreta o se realiza. Los acontecimientos deportivos disponen de locutores para interpretar la acción. En las salas de ópera se reparten catálogos que resultan muy útiles para comprender el programa. Los museos proporcionan guías auditivas. En jazz, incluso entre los músicos, se aconseja que "toques lo que sientas" (...). Eso y algún que otro consejo críptico que no informa, pero que al menos no te hace sentir fuera de onda (...). Por esa razón, la estética del jazz continúa siendo un misterio para la mayoría de la gente. (17)
A continuación copio algunas citas que me han interesado a modo de resumen del libro. Para Marsalis, tocar jazz es un ejercicio de honestidad personal a la vez que se mantiene una conversación con el resto de músicos. Tan importane es ser sincero con las emociones que intentas expresar como el respeto por los demás y escuchar lo que tienen que decir:
Cuando toquéis juntos que sea como si estuvieseis hablando entre vosotros. El clarinete tiene que llenar el espacio dejado por la trompeta, y la trompeta tiene que dejarle ese espacio. (15)
El equilibrio adecuado entre el derecho a expresaros y hacer las cosas a vuestro modo, y la responsabilidad que se adquiere frente a los demás cuando se trabaja en grupo por una meta común. Eso fue lo que Danny Barker nos enseñó: a disfrutar tanto de nosotros como de los demás. (18) A los doce años empecé a escuchar a John Coltrane, Clifford Brown, Miles Davis y Freddie Hubbard. Escuchándolos seriamente me di cuenta de que cada músico abre su propia habitación en el centro de su existencia y expresa ese centralismo mediante la singularidad de su sonido. El sonido de un gran músico es tan distintivo y personal como la voz de una persona. Después de darme cuenta de algo tan básico, me centré en lo que trataban de comunicar a través de la música: la verdad pura, revelada con esa intimidad que muestran los amigos cuando se cuenta un secreto o algo muy íntimo y sensible. Se necesita valor y confianza para compartir esos sentimientos. 26
Ser oído implicaba tener que escuchar al otro. Y hacerlo, además, atentamente. Y para que sonara bien, debíamos confiar los unos en los otros. 34
Los músicos de jazz tienen que escuchar y comunicar. Al no saber lo que van a improvisar los demás músicos, se ven obligados a escuchar. Y, puesto que el acompañamiento es una improvisación, se le exige al solista que comunique de inmediato la lógica de lo que interpreta; de inmediato y lo más completamente posible. 46
Utilizar palabras para comunicar lo que experimentas te hace buscar una unión entre lo que intentas decir (cómo te sientes) y su forma de expresarlo (las palabras que eliges). Incluso hablando resulta difícil expresar lo que sientes. Para un músico, esa unión exige además un enorme sacrificio de tiempo y mucho descaro. Se requiere mucho tiempo para adquirir unas destrezas técnicas de suficiente calidad, y resulta muy engorroso exponer nuestros sentimientos en público. 100
Cuando todos trabajan unidos, la música swinguea, y si no lo hacen, no. Por ese motivo, aunque parezca que todos estamos conjuntados, en realidad lo que estamos haciendo es "intentar" conjuntarnos. Y es precisamente la integridad de ese proceso la que determina la calidad del swing. 223
Cuando se escucha a los grandes músicos, se puede observar el respeto que muestran por las habilidades del otro; al fin y al cabo, salvo en la sección rítmica, los músicos pasan más tiempo escuchando que tocando. 226
Una de las cosas que he aprendido con este libro es a valorar la importancia del batería y de la sección rítmica en general. Atención a la aberración: yo, al batería, casi ni lo consideraba músico. Me parecía que cualquiera podía aporrear los tambores y los platillos. Era más un ejercicio gimnástico que musical. De ahí que muchos baterías presuman de biceps. El hecho de que Muñoz Molina hubiera glosado el buen hacer de algunos baterías en varias entradas de su diario (como esta y esta otra) debería haberme hecho reflexionar, pero lo achaqué a una extremada sensibilidad. Desde aquí pido perdón a Ringo Starr y al resto del gremio. En los conciertos de este verano he prestado atención y he empezado a disfrutar de su trabajo:
La sección rítmica es una invención puramente del jazz: tres instrumentos (en ocasiones, cuatro) cuyo único trabajo es hacer que la música se sienta bien. La sección rítmica debe tener unos reflejos excelentes porque tiene que improvisar y crear un acompañamiento para alguien que está improvisando constantemente. Es como saber por adelantado lo que una persona va a decir y encontrar la respuesta adecuada a "lo que dice". 58 Los baterías son los verdaderos directores de las bandas de jazz, pues son ellos los que controlan la dinámica, el ritmo y el sentimiento. 60
Cuando todo va bien, la sección rítmica es como un trampolín rígido, pero lo suficientemente flexible como para permitir que todo el mundo salte y se divierta. Si es demasiado rígido o demasiado blanducho, entonces no sirve. 40
A veces, escuchando jazz, pudiera parecer que la melodía es tan sinuosa e imprevisible que escapa a cualquier imperativo rítmico o temporal. Por eso me ha sorprendido comprobar la importancia que da Marsalis a la sección rítmica y a la constricción temporal. El músico se ve impelido a improvisar su interpretación manteniendo un equilibrio entre su libertad personal y una serie de restricciones no escritas como la coherencia de la pieza, el sentido que le están dando sus acompañantes y el tiempo limitado del que dispone. De esa tensión surge el verdadero swing:
Los músicos de jazz improvisan bajo la presión del tiempo, por eso lo brota de ellos surge con tanta pureza. 27
A veces la música popular está cargada de nostalgia. El recuerdo de ciertas emociones proporciona significado a esas canciones. "¿Te acuerdas de ésta, cariño? Fue la canción de nuestro primer baile". Sin embargo el jazz tiene el poder del presente. No hay nada escrito, es como una conversación. Son los músicos los que te proporcionan esa emoción. 28
En el jazz es el arte de la oportunidad, pues te enseña el "cuándo". Cuándo empezar, cuándo esperar, cuándo subir, cuándo tomarte tu tiempo. 38
Tocar... puede llegar a ser más divertido que el sexo, y lo digo seriamente. Si tocas con gente que realmente sabe tocar, no quieres parar. Por eso hay tantos solos largos y tristes. Es algo catártico, reconfortante. Es una comunicación directa y espontánea que estableces con otras personas y ellas contigo. Eres libre de decir lo que quieras, al igual que ellos. (...) Es parecido a cuando se habla, sólo que en la música el tiempo está definido y te ves obligado a expresar las ideas dentro del marco del tiempo. Es como un reto atlético. Intentas alcanzar una meta, pero tienes que mantenerte dentro de unos límites y, además, existe una serie de obtáculos que salvar, por eso te escurres, te agazapas y haces movimientos espectaculares para llegar a la meta antes de que el tiempo se agote. Pero el tiempo corre y es justo lo que te presiona. Además de ese aspecto atlético -tocar, hacerlo de forma rítmica y salvando los obtáculos armónicos justo en el momento oportuno-, existe la maduración emocional y espiritual de la idea. Cuando por fin llegas a esa idea, vives un momento sublime que resulta casi indescriptible. Te dejas arrastrar por una nota, o por una serie de notas, y entonces sientes algo inaudito. No hay nada parecido a esa experiencia. Además, alguien la escucha contigo, y él o ella también ha desarrollado la idea, a su manera, y os unís en el tiempo. Entonces ya no te apetece tocar rápido, sino mantener esa nota, ese sonido, esa idea, ese momento. 115
Sobre los solos y su evolución en el jazz:
Los mejores músicos añadían porciones de melodías familiares a sus solos para ofrecer a los oyentes algo a lo que aferrarse. Eso hacía que seguir un solo fuese algo parecido a escuchar una lengua extranjera que se comprende en parte. Hay tres o cuatro frases que puedes identificar, pero hay otras muchas palabras que sencillamente brotan sin cesar. Entonces el desaliento vence a la excitacióndel principio, pero te mantienes firme porque sabes que aquellas personas están comunicando ideas precisas. 47
El solo proporcionó a muchos músicos la oportunidad de imprimir sus ideas creativas en la historia de la música. El intérprete era también el compositor; la grabación y no la partitura fue la que se convirtió en el documento definitivo. 48
En los años 50 el orden de los solos evolucionó. Por regla general, el líder, pongamos por ejemplo al saxofonista Charlie Parker, era el primero que interpretaba un solo, seguido del segundo trompetista o de los que hubiera, luego del pianista y, después, si Dios quería, en lugar de interpretar un solo de batería, los solistas intercambiaban frases con el batería del grupo. A eso se le llama "trading". Posteriormente, el contrabandista empezó a interpretar su solo después del piano. En consecuencia, las canciones no tardaron en perder su configuración y su lógica, convirtiéndose en un medio para que todo el mundo interpretara sus solos. No hay duda de que en muchas ocasiones el público termina por aburrirse. El fracaso de este estilo basado en los solos nos enseña que, a veces, no es bueno que todo el mundo tenga algo que decir en una canción. 65
La melodía la tenía clara, el ritmo he aprendido a valorarlo, pero la armonía. ¿Cómo valorar la armonía de una interpretación? Me quedo con las ganas porque el propio Marsalis renuncia a intentar explicarlo:
Explicar cómo se baila es mucho más difícil que bailar. La armonía es casi imposible de explicar. 72
Wynton Marsalis certifica (palabra de profeta) que el blues es la auténtica raíz de la música americana, por encima incluso que el jazz. Le falta por decir que el blues es América. Dedica un capítulo del libro no al blues en sí, sino a su importancia representativa:
En el blues hay diferentes estratos de significado. La letra de la canción dice una cosa, la forma en que se dice puede referirse a otra, y la música siempre añade algo muy distinto. Por muy penosas que sean las letras de los blues, la música siempre es inspiradora, y la inspiración lleva al baile, y el baile a la alegría. Dizzy Gillespie supo expresarlo mucho más acertadamente cuando dijo: "Bailar jamás hizo llorar a nadie". 78 La música de John Philip Sousa es conmovedora, de gran importancia en el ámbito nacional. Sin embargo es una visión trascendente de la grandeza americana: somos chicos buenos de pies a cabeza. Sin embargo, el blues dice que no siempre somos tan buenos como decimos. Ni tan malos. Sencillamente somos. 83
Ese irrefutable optimismo es lo que hace que el blues sea tan americano. El triunfo es nuestro forte. 83
La razón de que se oyese más blues en Nueva Orleans que en otros lugares es que los turistas acudían a nuestra ciudad para escuchar música "pasada de moda", además de que muchos de los viejos músicos se aferraban a sus herencias. Sin embargo, continuábamos siendo americanos: valorábamos las cosas según el dinero que obteníamos por ellas, y la verdad es que, a los catorce años, cuando tocaba en una banda de funk, sacaba más dinero por noche que cualquier músico de jazz o de blues en los clubes. Por tanto, jamás pensamos en la importancia estética del blues, ni de cualquier otro estilo de música que no tuviera frutos monetarios. 85
Cuanto más lento se toca el blues, más difícil resulta de imitar y más obligado te ves a encontrar tu propio grito, tu propia voz interior. Por eso resulta tan fácil identificar a un músico de blues. Cualquier oyente puede captar la diferencia entre dos artistas por la forma que tiene cada uno de tocar. (...) Una noche acompañé a Sweets Edison mientras interpretaba un blues lento. Tío -me dijo cuando terminé-, has tocado más notas que yo en toda mi carrera. Lo dijo en un tono que implicaba que, además, no había dicho nada. 94-95
El Jazz como sinónimo de democracia e integración:
Nuestra actual carencia de respeto por el swing es muy parecida a la carencia de respeto que existe por la democracia. Es necesario mantener el equilibrio para conservar algo tan delicado como la democracia, además de un sutil conocimiento de cómo se puede magnificar nuestro potencial uniéndolo y compartiéndolo con el de otras personas. Cuando eso no se comprende, entonces todo termina en una batalla para ver quién es el más fuerte, el que más chilla y el que más acapara la atención. El fuerte es libre de explotar al débil. Algo parecido sucedió con el swing. Los baterías se dedicaron alegremente a acallar a los contrabajistas, quienes, como respuesta, recurrieron a los amplificadores. Los pianistas empezaron a tocar ritmos desparejos para combatir al bombo. El guitarra rítmico recogió sus cosas y se fue a su casa. Los instrumentos de viento se volvieron locos y terminaron interpretando solos toda la noche. El resultado fue el desequilibrio, la libertad de expresión sin límite y sin miramiento por los demás. Aunque muchos hayan aceptado ese enfoque que nada tiene que ver con el swing, estoy seguro de que llegará un día en que los músicos evaluarán los daños y veremos cómo las cosas vuelven a su cauce. 68
El proceso por el que muchos se convierten en uno solo en el escenario es muy parecido al proceso llevado a cabo por los inmigrantes nigerianos y coreanos para convertirse en americanos. El proceso del swinging -es decir, de coordinación constante con cosas que están cambiando siempre- es un aspecto moderno de la sociedad libre, aunque, por encima de todo, es una "elección". 134
Algunas reflexiones interesantes sobre la segregación racial y su repercusión no tanto en la música como en su valoración y difusión:
Muchos de los amigos no afroamericanos que tengo querrían saber por qué los negros americanos no secundamos el blues, el jazz, ni nada de calidad que pertenezca a nuestra cultura. La razón no estriba en que no nos guste; de hecho, nos encanta, pero no lo sabemos. La conclusión colectiva a la que llegamos después del Movimiento por los Derechos Civiles -esa "inconsciente" conclusión colectiva- nos impidió distinguir entre la cáscara y el grano, y dejamos que el blues siguiera el mismo camino que las ligas de negros. Sin embargo, no supimos darnos cuenta de que el blues era la mayor liga de todas. 89
Fue así desde los inicios. Puesto que el conocimiento, la inteligencia y el sentimiento humano del jazz demostraron tan claramente lo absurdo que era el tratamiento que se le daba al hombre negro, surgió una presión intelectual inmediata cuyo único propósito fue denigrarlo. Y lo hicieron de muchas formas. Una de ellas fue ignorarlo: el jazz fue creado por los negros; los negros eran seres inferiores; por tanto no merecía la pena prestar atención a ese estilo de música. Otra forma fue convertirlo en una trivialidad, asociándolo en la televisión con los dibujos animados o el sexo; el jazz sólo servía de música de fondo para programas infantiles o las "escenas de cama", una extraña combinación que se estrechó aún más en la era del video. De esa forma se aseguraron de que no se enseñaría jamás en las instituciones gubernamentales, y hasta el Movimiento por los Derechos Civiles, te podrían expulsar de la escuela, incluso de las afroamericanas, por tocar jazz en la clase de música. (...) También se han cometido otros atropellos no tan obvios pero cruelmente humorísticos, como llamar a la música de Nueva Orleans música "dixieland", identificándola así con el himno de guerra de los confederados: "Tú canta acerca de la libertad, pero nosotros rendiremos homenaje a tu esclavitud". (...) Los ataques más insidiosos proceden de aquellos que se consideran sus amigos. Los que se las dan de entendidos aseguran que el jazz surgió de un sentimiento espontáneo. Cualquiera puede interpretarlo, escribió Allen Ginsberg: "Coja una trompeta y sople". Si ése fuera el caso, el jazz habría evolucionado al azar y no tendría ningún objetivo estético, salvo la libertad. El equivalente moderno de la filosofía beatnik es el engreimiento contemporáneo al que le encanta "todo tipo" de música. Normalmente aduce: "Me gusta todo. ¿Qué es el jazz, al fin y al cabo? Que sea jazz o no, no tiene la menor importancia". Para esos sabiondos, la música carece de significado. Y si lo tiene, no puede enseñarse. La filosofía de la no definición, del no significado ataca de tal manera el sistema nervioso central de la educación que no requiere de más medidas para impedir que las futuras generaciones lo toquen, lo disfruten y se alimenten de este estilo de música. 131-133
Cuando empecé a introducirme más seriamente en el mundo de la música, me di cuenta de que esa rabia (por la discriminación racial) te proporciona cierto poder. Es como un combustible, pero un combustible caro, porque se quema muy rápido y destruye todo lo que hay a tu alrededor. Y si no te libras de él cuando te haces mayor, termina por quemarte a ti también. 146
Esta demostración de los perjuicios que causan los prejuicios (incluidos los prejuicios contra uno mismo) me la quedo para mis clases: En la NBA, los jugadores europeos están jugando mejor que los blancos americanos. ¿Se debe a que su piel no es tan blanca o a que la superioridad innata de los jugadores negros no forma parte de su educación? 135
Sobre Louis Armstrong:
Sabía que la pobreza no es siempre el elemento que define la identidad de la gente pobre. 159
El sonido de Louis Armstrong tiene un poder curativo. Entraña sabiduría y perdón. 162
Sobre Miles Davis y como se "vendió" a la música más comercial hacial el final de su carrera:
Cualquier músico de jazz snob cree que puede tocar música pop porque, al fin y al cabo, se basa simplemente en un compás y dos acordes, pero la cosa no es tan sencilla. Los Beatles saben hacerlo y su sonido es honesto porque ellos lo son. Sin embargo, cuando un músico más sofisticado intenta hacer lo mismo, suena a falso. 183
He dejado para el final las citas referidas a su incansable labor como profeta del auténtico jazz
En la actualidad, los músicos de jazz se enfrentan a una serie de problemas adicionales. Lo peor de todo es que, en esta época, no hay muchas personas que se preocupen o se interesen por el jazz o por si alguien sabe interpretarlo. No les preocupa porque la mayor parte de la música -a excepción de la música clásica- que han escuchado es interpretada por personas que son simples aficionados, no verdaderos músicos; es posible que tengan carisma, pero no saben tocar. Los verdaderos músicos de jazz podían hacer a los catorce años lo que hacen los músicos más vendidos de hoy en día. Diciendo esto no pretendo criticar, sino constatar un hecho. 111
Cuando escuchar supone bajar hasta un nivel en que la audiencia sólo reconoce cancioncillas cuya letra resulta fácil de memorizar o que les recuerdan algún momento nostálgico, entonces se ha perdido la dinámica de la comunicación. 111
En la actualidad, los músicos de jazz deben poseer una extraordinaria integridad personal, ya que se les exige menos profesionalidad, maestría musical, sofisticación y sentimiento. Tocar una lengua cada vez más confusa puede ser divertido, pero acaba con la comunicación y resulta muy parecido a esos párrafos que aparecen en griego antiguo y sin traducir en el libro que tenemos entre manos. En jazz, los músicos más sofisticados deben considerar un desafío intentar comunicarse con un oyente inexperto. Es un error mostrarse "tan arrogante", ya que, cuando se pierde el deseo de comunicarse con una audiencia que jamás ha escuchado nuestra música, se empieza a perder también esa humildad necesaria para desarrollarse artísticamente. 112
Se le denomina festival de jazz, pero la mayoría de los grupos que van a actuar no tocan jazz, sino funk, salsa e interminables improvisaciones con la tabla, aunque también habrá algo de esa música que el festival se supone que debe fomentar: la música jazz. 121
Cuando tenía veinte años concedí una entrevista y dije todo tipo de barbaridades sobre las personas que se vendían y la ignorancia de los compositores de jazz, y afirmé que nadie valía la pena salvo -por implicación- yo. Mucha gente se sintió ofendida. 191