Estos días se ha recordado machaconamente que hace cuatro años la selección española de fútbol ganó el Mundial de Sudáfrica. Las televisiones han mostrado una y otra vez a Casillas evitando un gol cantado de Robben, a Iniesta marcando y quitándose la camiseta, a Casillas levantando la copa de campeones... Los aficionados españoles al fútbol no olvidaremos fácilmente esa noche (y si no, ya está la televisión para recordarla). Yo vi el partido en Cartagena en casa de mis suegros. Me acompañaban frente al televisor Sonia, Maria José, Lolo, Vanesa ... y Héctor, aunque este último, con tres meses de vida, dedicaba todos sus esfuerzos a intentar dormirse. Así que pasé gran parte de la final meciendo con el pie la hamaca en la que Héctor estaba acostado. Se durmió ya avanzada la segunda parte y aprovechamos el parón antes de la prórroga para llevarlo a la cuna. Bajamos el volumen de la tele para poder escuchar el llanto del niño (el paso de la hamaca a la cuna era delicado y rara vez se quedaba a la primera) y nos dispusimos a seguir sufriendo.
Así vimos la ocasión de Roben y...... BUAAAA BUAAAA. Sonia salió a calmarlo y en esas estaba cuando marcó Iniesta. Héctor presenció el final del partido, la entrega del trofeo y la celebración en el césped. Parecía increíble: España campeona del mundo.
Esta tarde puse el partido Las Palmas - Córdoba. Estuve viendo el partido a salto de mata, mientras le hacía cucamonas a Pedro y Héctor me enseñaba las fichas del cole (el viernes le dieron los cuadernos del tercer trimestre). No soy seguidor del Córdoba pero me hacía ilusión que ascendiera. El partido pintaba mal. Las ocasiones de Las Palmas se sucedían hasta que terminó por adelantarse en el marcador. El Córdoba estaba jugando fatal pero yo estaba supersticiosamente tranquilo. Tenía el tonto convencimiento de que si el nacimiento de Héctor había coincidido con la conquista del mundial; el nacimiento de Pedro iba a auspiciar el más difícil todavía: el Córdoba jugando en primera división.
El partido era un tostón y lo poco bueno lo ponía Las Palmas. Pedro empezó a inquitarse. Miré el reloj. Mejor darle el bañito ahora que dentro de media hora le toca el biberón y a ver si se queda dormido.
Héctor, me voy a darle un baño a Pedro. Avísame si marca el Córdoba.
Papá - le oigo gritar desde el cuarto de baño -, un jugador se ha quitado la camiseta. Sí, porque se ha hecho daño en la rodilla y se ha quitado la camiseta.- Muy pronto también él se cansa del partido y se pone a jugar.
Oh, qué pena - ahora es Sonia la que me pone al día desde el salón.
¿Qué pasa, ya ha terminado?
No, pero sólo faltan tres minutos.
Bueno, acuerdate del gol de Sergio Ramos en la final de la Champions (yo sigo convencido de que si con Héctor ganamos el mundial con Pedro subimos a primera. ¡Y eso que me considero una persona racional!).
Pongo boca abajo a Pedro para extenderle la crema por la espalda y Sonia y yo nos quedamos un rato embobados con nuestro hijo. ¡Mira como sostiene ya la cabeza!
Mientras termino de ponerle el body le pregunto a Sonia si ha terminado el partido (ya hace tiempo que sólo quedaban tres minutos. No se oyen gritos de celebración por el vecindario. Me cuesta creer que estaba equivocado).
No. Quedan un minuto y veintinueve segundos. El partido está parado.
¿Y eso?
Parecen que han invadido el campo y el arbitro ha parado el partido.
Justo cuando entro con Pedro al salón se reanuda el juego. Un pelotazo al área de Las Palmas y un jugador cordobesista se planta solo frente al portero. Chuta. El portero desvía con la mano la pelota que se desplaza lentamente hasta que otro jugador viene por detrás y remacha el gol. El árbitro pita el final del partido. Ni siquiera se saca de centro. Increíble: el Córdoba está en Primera División. ¡Y de qué manera tan rocambolesca! De los últimos seis partidos (incluyendo los play offs de ascenso) sólo ha ganado uno. ¡El partido de hoy podría haber terminado tres a cero para Las Palmas tranquilamente! Con Pedro en los brazos veo los altercados de los aficionados canarios y la celebración de los jugadores del Córdoba en los vestuarios.
Héctor y Pedro han venido con un gol bajo el brazo. Y pensándolo bien no es de extrañar. Los dos deben su existencia a la Liga española de fútbol. Si su abuelo, Goñi, también conocido entre sus compañeros como "el tanque", no hubiera fichado por el Deportivo de la Coruña, no habría conocido nunca a su abuela Maria José (Un periódico local se hizo eco del acontecimiento: "se casó Goñi, jugador del Deportivo, con la guapísima coruñesa Maria José Pérez Baspiño"). Y ni Sonia, ni Héctor ni Pedro habrían tenido la posibilidad de existir. Así que ¡Viva el fútbol!
Goñi, más conocido en casa como el abuelo Lolo, en su época de jugador |
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Me ha gustado mucho tu entrada, es otra forma de ver el fútbol, más personal, aunque no sé si eso va a hacer que vea un partido a menos que sea con mi padre, por acompañarlo, por cierto ¿de donde has sacado la foto de mi padre?. Aunque creo que ahora que estás haciendo un buen equipo de deportistas no sé cómo vamos a competir con vosotros tres, y más aún los dos peques a los que el abuelo querrá ilustrar en el deporte patrio.
ResponderEliminarQuerrás decir con nosotros cuatro, que aunque Pedro todavía no participa su presencia se hace notar. Ya lo comprobarás dentro de unos días si coincidimos viendo algún partido del mundial.
EliminarLa foto de tu padre la saqué de esta página:
http://contrameta.com/jose-manuel-goni-mendez-%E2%80%9Cgoni%E2%80%9D/
No, no los tres hombres de tu casa , que contaba con Pedro, con quién no contaba viendo fútbol era a mi hermana.. Muchos besos
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