Cita



El momento de la verdad nunca llega, el momento de la verdad nunca se va.
Ramón Eder

lunes, 19 de septiembre de 2011

Soy un procastinador

Qué manía tienen los pedagogos en utilizar palabros feísimos para referirse a conceptos sencillos e incluso banales.

Estoy leyendo un libro de José Antonio Marina titulado de manera equívoca La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez. Es el primer libro que leo de este autor y la verdad es que me está decepcionando bastante. En algunos pasajes me parece una mala copia de Savater, en otros una mala copia de Punset y en la mayoría una copia escasamente mejorada de algunos orientadores que he conocido, emborrachados de psicopedagogía.



Bueno, pues leyendo el librito me he enterado de que soy un procastinador, es decir, que padezco procastinación (o procrastinación como, según Marina, lo escriben los puristas. Habría que conocer a esos puristas). Hablando en cristiano: que soy propenso a dejar las tareas para mañana, apurando siempre hasta el último momento para hacer las cosas. Al principio intenté negar la evidencia, no me reconocía en las características que expone Marina:
  • El procastinador suele ser postergador raciocinante, que se da argumentos muy convincentes -para él- que le aconsejan aplazar la acción. Yo no necesito ningún argumento para aplazar la acción. Me basta con la pereza o con la desgana en dejar alguna actividad que considero más interesante. En resumen, que soy un procastinador vago y nada raciocinante.
  • Hay que advertir que el verdadero procastinador no dilata su actividad porque sea dolorosa o muy molesta. Suele ser tan sólo un poco más molesta que lo que está haciendo en ese momento. Aquí me parece que Marina no es muy perspicaz. La mayoría de las actividades obligatorias son más molestas que no hacer nada o que sentarse a leer un libro.  No sé, no sé, quizás un procastinador no sea capaz de analizar objetivamente (y menos aún si no es raciocinante) las razones de su procastinación, pero a mi me da que la procastinación es una variedad leve de pereza.
Pero al final no he tenido más remedio que admitirlo. ¿Sabe que tiene que ordenar su mesa de despacho, pero se dice que es una operación tan importante que conviene esperar al lunes o a las vacaciones para acometerla con la dedicación que se merece? Sí, los papeles me comen y nunca "encuentro tiempo" para ordenarlos. ¿Le sucede con frecuencia que aguanta molestias diarias por no arreglar una avería, cambiar de televisor o comprar un destornillador más grande? Sí, sí, sí.

No en vano mi primer ídolo literario y al que guardo todavía un enorme cariño (mi hermana me regaló una camiseta con su dibujo que tengo gastadísima de tanto ponérmela) es el más grande procastinador que he conocido. Se trata de Felipe, el personaje ideado por Quino.



En honor a Felipe, suena I´m only sleeping de sus idolatrados Beatles




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1 comentario:

  1. Tú, ¿qué eres, un hombre o un ratón? Je, je, Felipe, qué grande.

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