Cita



El momento de la verdad nunca llega, el momento de la verdad nunca se va.
Ramón Eder

martes, 11 de septiembre de 2012

Good Morning!!

Desde que Héctor duerme en su nueva cama tiene la costumbre de despertarnos cada mañana. Lo habitual es que se acerque a uno de nosotros y nos de un beso. A veces trae consigo a su mono y es el mono el que nos da el beso de buenos días. La primera vez que me despertó con un beso, la emoción y la sorpresa compensaron el madrugón (despertarse a las ocho, ocho y media como muy tarde, en vacaciones lo considero "madrugón").

Esta mañana se ha despertado más temprano de lo habitual. Todavía no había amanecido completamente y la casa estaba a oscuras. No lo sentí llegar, no sé si hizo algún intento de darnos un beso antes de comprobar que estábamos profundamente dormidos. Desorientado, tardé unos instantes en darme cuenta de que ese ruido que me despertaba era Héctor a los pies de nuestra cama imitando el canto del gallo.



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lunes, 23 de julio de 2012

Automatismo

Me quedé de piedra cuando me di cuenta de lo que había hecho. Estaba en la cama, tumbado, leyendo un ensayo escrito por Bruno Bettelheim. Es un libro de pasta blanda y formato pequeño. Una edición de bolsillo con letra diminuta en exceso.

Absorto en la lectura, voy recorriendo las líneas del texto a golpes de vista hasta llegar al final de la página. En ese momento acerco el dedo índice de la mano derecha y pulso la página levemente. No ocurre nada y es entonces cuando me doy cuenta de lo que ha pasado. Y no me lo puedo creer.

Sólo he leido tres novelas y un ensayo en el libro electrónico desde que me lo regalaron en el mes de febrero. Tanto las novelas como el ensayo eran de poca extensión. ¿Cómo es posible que con tan escasa experiencia mi cerebro haya automatizado de tal manera el nuevo mecanismo de lectura? Centenares de libros leidos, treinta años pasando la hoja de papel y, tras apenas una semana de uso intensivo del libro electrónico, el cerebro intenta reproducir el nuevo mecanismo de lectura en un libro de los de toda la vida. No lo hubiera podido creer.


Moraleja: el libro electrónico es comodísimo.

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viernes, 20 de julio de 2012

¿Dónde está la marcha en el Pirineo aragonés?

Anoche me dormí pensando en el estupendo artículo sobre Toni Kukoc que había leído esa tarde en la revista Jotdown. Lo último que recuerdo antes de caer dormido son imágenes mentales de viejos partidos de la Jugoplastika.

Entro a media mañana en una cafetería situada entre San Miguel y la plaza de las Tendillas, una de esas cafeterías de toda la vida en la que sirven churros con chocolate. Me siento en una mesa en el interior del local y pido un refresco al tiempo que agarro el periódico que hay a disposición de los clientes. Esa es la razón por la que entro en la cafetería: me apetece leer el periódico, especialmente la sección de Deportes donde pienso encontrar jugosos textos acerca del partido que se juega esa noche. La cafetería está vacía. Soy el único cliente.

Llamo por teléfono a mi hermana, que está fuera de vacaciones. Le pregunto por mi sobrina, que se ha quedado en casa sola por primera vez (a sus seis años). Mi sobrina va a ver el partido en casa de mis padres, que están abonados a canal plus. Mis padres también se encuentran fuera de la ciudad, así que decido ir a ver el partido a su casa para acompañar a mi sobrina y que no esté todo el día sola. Cuando cuelgo el teléfono me asalta una duda: ¿debo acompañar a mi sobrina a su casa al término del partido o se va a quedar a dormir en casa de los abuelos? Inquieto por la duda y con prisas por ir a ver a mi sobrina decido pedir la cuenta. Como no veo a ningún camarero me levanto para pagar en la barra.

Pido la cuenta y el camarero me constesta que en seguida me la lleva a la mesa. En ese momento repara en el ejemplar de la revista Jotdown que llevo conmigo. Temo que piense que el ejemplar es del establecimiento cuando lo compré hace un mes en la Librería Luque. Pero no. Me sonríe, como reconociéndome miembro de una sociedad lectora a la que también él pertenece, y pregunta: ¿te gustaría trabajar ahí? -señala con la cabeza la revista.
-¿Cómo?
- Que si te gustaría trabajar ahí.
- Bueno -contesto tan sorprendido como poco convencido.
- Tienes que contestar a cuatro preguntas.

La primera pregunta me parece un jeroglífico indescifrable. No se me ocurre ninguna respuesta. El camarero me dice disgustado: está bien, esta podemos dejarla para el final. Quedan otras tres preguntas- parece contrariado por haberse equivodado conmigo.

La segunda pregunta es otro jeroglífico. En esta ocasión se me ocurre aventurar una respuesta que, al igual que los malos estudiantes, expreso como una interrogación: ¿la búsqueda de Dios?
El camarero hace un gesto que viene a significar que la respuesta no es del todo correcta pero que me he acercado lo suficiente. Al menos sigo en el juego.

¿Dónde está la marcha en el Pirineo aragonés? Esa es la tercera pregunta. Estoy seguro de saber la respuesta: en el pueblo de Luis Buñuel, el de los tambores, ahí está la marcha. El camarero asiente dando a entender que la pista es buena pero que debo decir el nombre del pueblo. Lo tengo en la punta de la lengua.

Sin que me haya dado cuenta la cafetería vacía se ha trasformado en un pub lleno de gente joven bien vestida. El camarero ya no está detrás de la barra sino en un habitáculo elevado como el de un pinchadiscos. Es más, el camarero ya no parece un camarero sino un gurú indio. Ahora me doy cuenta de que es igualito a Walter Laturpeirissa, el bajo que vimos tocar la semana pasada en San Javier.

Tengo el nombre del pueblo en la punta de la lengua. Pero no doy con la respuesta. Me irrita tanto ruido y tanta gente dando voces. Una chica joven me empuja. Le devuelvo el empujón tratando de no perder mi sitio bajo el gurú. La chica no se inmuta. Le pellizco fuerte y nada, como si no me viera. Intento concentrarme en el nombre del pueblo. Desisto. Es una tontería y estoy perdiendo un tiempo precioso. Mi sobrina me está esperando para ver el partido.

Es salir del local (que debe estar de moda entre los jóvenes más pudientes) y sentir el alivio del silencio y el aire fresco. Ha anochecido. Ando a buen paso hacia las Tendillas. Veo muchas tiendas de chucherías. Pienso que hace unos años habría comprado cacahuetes y fritos para ver el partido. Ahora no me apetece nada. Me alegro. Me siento ligero y contento. Tan ligero que no llevo peso encima: he dejado olvidada la revista Jotdown en la cafetería/pub.

Regreso a por ella. Cuando estoy en la puerta veo salir a un chico que lleva la revista bajo el brazo, intentando ocultarla. Se la quito limpiamente y no reacciona. Ni requiere explicación de por qué le quito la revista ni ofrece explicación de por qué intentaba ocultarla. Se sienta en una mesa de la terraza donde le espera su novia. Sonrientes. Como el resto de jóvenes que atestan el local.

Retomo mi camino con un estado de ánimo muy diferente. Estoy irritado. ¿Cómo se puede tener tanta caradura? A los pocos pasos me detengo y doy la vuelta. Así no va a quedar la cosa. Pienso interpelar al rubiales: ¿Es que no te habías dado cuenta de que la revista........ 

Qué fascinantes son los sueños para quien los sueña. Es muy divertido analizarlos tratando de identificar los distintos materiales de la realidad que el subconsciente toma prestados para montar su pequeña obra de teatro (ese bajo transmutado en camarero-gurú). Pero eso sólo le puede interesar a la persona que sueña el sueño que es la única que puede realizar la identificación y asombrarse del batiburrillo resultante.

En cambio, las interpretaciones de los sueños me aburren. Por eso me aburren (o me exasperan, que es peor) las ficciones que recurren a los sueños, porque casi siempre son sueños con una interpretación que conviene al desarrollo de la ficción o al conocimiento del personaje que sueña. Me parece un recurso fácil y tramposo. Una obra maestra continuada como los Soprano sólo decae en los episodios, afortunadamente pocos, que recrean los sueños de Toni Soprano.

La única disculpa que puedo ofrecer al lector de esta entrada es que el relato de mi sueño es corto y que la interpretación, de haberla, corre por cuenta y riesgo del propio lector.


Walter Latupeirissa
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viernes, 13 de julio de 2012

El libro que leería durante la película que no puedo perderme

La revista Jotdown ha propuesto a sus colaboradores que redacten un artículo con el siguiente motivo: el libro que leería durante la película que no puedo perderme. Hasta la fecha los que más me han gustado han sido los de Enric González, José Lapidario y Félix de Azúa. Como veis no se trata sólo de nombrar el título de nuestro libro y película favorita (cosa imposible por otra parte) sino de establecer una relación de afinidad entre el libro y la película seleccionados. Al menos así entiendo yo el encargo. Y aunque a mí nadie me ha pedido nada, voy a entretenerme un rato escribiendo sobre el libro que leería durante la película que no puedo perderme.
El jinete polaco es el título de una pintura de Rembrant que puede contemplarse en la sala principal de la Frick Collection (a mi entender la sala principal es la más grande, en este caso la west gallery). De ese cuadro tomó Muñoz Molina el nombre para la novela con la que ganó el Premio Planeta en 1991. El jinete polaco. Yo no sabía nada de esto cuando leí la novela en la primavera de 1996. Estaba en casa de mis padres (en mi casa) haciendo la maleta para regresar a Swansea (Reino Unido) y encarar el tercer trimestre del curso que estaba pasando en tierras galesas gracias al Programa Erasmus. En el último instante decidí incluir un libro en el equipaje. A esas alturas del curso tenía más que comprobado que después de asistir a clase, estudiar (no mucho, la verdad), salir de marcha, visitar a los amigos, jugar al baloncesto, pasear por la playa (nunca bañarme), hacer excursiones y navegar por internet en las múltiples salas habilitadas para ello en la universidad (descubrí internet en Swansea. Me pasaba al menos un par de horas al día navegando por la web y eso que en aquellos tiempos la oferta de contenidos era ridícula en comparación con la actual. Baste decir que ninguno de mis conocidos tenía dirección de correo electrónico o que el diario El País no lanzó su edición digital hasta mayo de 1996) todavía me sobraban muchas horas a la semana de tiempo libre. Un libro estaría bien y cuanto más gordo mejor. Ese fue mi criterio de selección. Curioseé los libros de mi madre buscando uno que garantizase muchas horas de lectura. ¡Que ocasión perdí de leer el Quijote! O la Biblia ya puestos. Esto fue lo que encontré:

571 páginas de lectura. Bien. Al autor lo conozco por los artículos de opinión que publica en El País de Andalucía cada fin de semana. Bueno, es posible que también sea un buen novelista. A la maleta.

La lectura de El jinete polaco fue una de las experiencias más intensas que viví durante los últimos meses en Swansea. Fue la primera novela que leí que hablaba sobre mí. Hasta esa fecha las novelas me contaban la vida de otras personas: viajeros, curas, policías, viejos, mujeres, elfos, músicos, adolescentes rebeldes, niños fantasiosos... personajes cuyas peripecias me interesaban y entretenían, a los que llegaba a tomar cariño hasta el punto de entristecerme al terminar el libro (y volver a leerlo casi de inmediato), pero cuya existencia era totalmente ajena a la mía. En cambio, El jinete polaco parecía relatar mi pasado, mi presente y mi futuro.

Para que el impacto de la novela fuera tan profundo hubieron de coincidir varios factores, algunos de ellos puramente circunstanciales. Estoy dando rodeos. No me atrevo a iniciar el comentario de la novela porque no he vuelto a leerla en estos dieciséis años. Temo que ahora me parezca ridículo el entusiasmo de aquel entonces. Pero bueno, allá vamos. El talento narrativo de AMM está fuera de toda duda y El jinete polaco es una de sus obras cumbres. Pero para que te impacte de la manera en que lo hizo conmigo creo que hay que leerlo en la frontera con la vida adulta, cuando por primera vez sientes el peso abrumador del futuro y de las decisiones que debes tomar. El protagonista de la novela, Manuel si no recuerdo mal, es un traductor que vive gran parte de su tiempo en el extranjero. Ha cumplido su sueño juvenil: dejó el pueblo y salió a ver mundo. Gracias a su trabajo ha visitado todas las ciudades que le parecían míticas en su juventud.

Yo, al igual que Manuel, vivía en el extranjero cuando leí la novela, estaba en camino de cumplir mi propio sueño y dejar el terruño atrás. Pero tras más de medio año en Swansea también podía comprender muy bien el regusto amargo del sueño: la soledad, la lejanía de la familia, de las raíces que explican y dan sentido a una parte sustancial de tu identidad. Así que cuando Manuel hablaba de sí mismo en su presente adulto yo intuía que ese era uno de los posibles futuros que me esperaban, el que de alguna manera había empezado a experimentar en Swansea.

La familia de Manuel es de Mágina, un pueblo de Jaén. Mi familia materna también es de un pueblo de Jaén. Y aunque Andújar no se parezca en nada a Mágina, ni la familia de Manuel a la mía (en una cosa sí coincidimos: mi abuelo materno, una persona decente que no había pegado un tiro en toda la guerra, fue apresado y encarcelado al terminar la contienda al igual que el abuelo materno de Manuel) mi imaginación lectora asumía plenamente que así pudo ser la vida de mis tíos y abuelos. Ese era mi pasado.

¿Y qué decir de mi presente? Estaba perfectamente descrito en los recuerdos adolescentes de Manuel. La desorientación, la impaciencia, los deseos, los temores... todo estaba ahí. Una de las primeras cosas que hice al terminar la lectura de El jinete polaco fue ir a una tienda de segunda mano de CDs y comprarme uno de Lou Reed y otro de The Doors, después de asegurarme de que en el primero estaba incluido Walk on the wild side y en el segundo Riders on the storm, canciones recurrentes en el transcurso de la novela (o así lo recuerdo). Aunque no las únicas porque El jinete polaco es una novela que transpira música.


La historia de amor entre Manuel y Nadia (que ahora, restrospectivamente, me parece un poco inverosimil aun sabiendo que la realidad es más inverosimil todavía) me imbuía de esa falsa nostalgia que uno siente de cosas que no ha vivido ni experimentado. Algo parecido le sucede a Manuel cuando todavía no se ha reencontrado con Nadia y visita a una pareja de antiguos amigos, ahora matrimonio feliz, que vive en Granada. El amor que nos salva de nosotros mismos. Por unos instantes, por unos días, por unos años o, si se tiene verdadera fortuna, para siempre.

Una historia del Bronx también encierra una historia de amor que salva al protagonista de lo peor de sí mismo. No es descabellado afirmar que la atracción que Calogero siente hacia Jane lo termina alejando de sus amigos y le salva literalmente el pellejo.

Hay otros muchos puntos en común entre El jinete polaco y Una historia del Bronx. La Mágina de Manuel no es un universo más cerrado que las calles del Bronx en las que crece Calogero. Ambas historias están relatadas desde el punto de vista del protagonista que ha conseguido salir de ese universo y que recuerda el pasado con la tranquilidad de espíritu de quien está a gusto con su vida. El peso y la influencia familiar es fundamental en los recuerdos tanto de Manuel como de Calogero. Ahí está el padre: trabajador humilde (hortelano en un caso, conductor de autobuses en el otro), persona decente, sin vicios ni defectos reseñables, amable, cariñosa, que cuida y quiere a su mujer e hijos, pero que a ojo de estos últimos representa una figura apocada, resignada ante las injusticias, anticuada en sus valores y modo de vida. Manuel y Calogero quieren a su padre, lo respetan, pero no lo admiran ni lo consideran un ejemplo. Habrá que esperar al futuro desde el que narran la historia para que lleguen a comprenderlo y valorarlo de manera más justa. No es de extrañar que Robert de Niro dedicase la película a la memoria de su padre. Antonio Muñoz Molina hizo lo propio en El viento de la luna, que no deja de ser una revisitación al tiempo y al lugar en el que transcurre la adolescencia de Manuel.

Creo que la frescura y la verdad que transmiten ambas historias se debe, talento narrativo aparte, a su importante contenido autobiográfico. Si la novela está construida en parte con los recuerdos infantiles y adolescentes de Muñoz Molina, el guión de la película está basado en los recuerdos infantiles y adolescentes de Chazz Palminteri, el actor que interpreta a Sonny, el capo mafioso del barrio que acoge bajo su tutela al joven Colagero. De hecho el verdadero nombre de Palminteri, que nació y vivió en el Bronx, es Calorego Lorenzo y su padre, de nombre Lorenzo como el personaje que interpreta Robert de Niro, era conductor de autobuses.

Otro punto en común es la importancia de la música. Desde los títulos de crédito iniciales hasta los finales la película entera está sostenida con una banda sonora espectacular y magistralmente acompasada a las sucesivas escenas. Ahí se nota la influencia de Martin Scorcese en el debutante De Niro. Es antológico el uso de la música en la escena de la pelea con los moteros macarras. Arranca la escena al son de Come together (por cierto, es la única película que recuerdo en la que suene una canción original de The Beatles, no una versión. Aunque no consiguieron los permisos para que la canción estuviera incluida en el disco de la banda sonora) y cuendo empieza de verdad la pelea suena de repente The Moonglows cantando The ten commanders of love (los diez mandamientos del amor). Pero bueno, mejor verlo que contarlo:


Una historia del Bronx es la película que le pongo a los alumnos cuando tengo ocasión. Y confío en que les cale la moraleja y especialmente la frase final: en la vida no hay nada más triste que el talento malgastado. Una de las enseñanzas que se pueden sacar de la lectura de El jinete polaco o de la visión de Una historia del Bronx es que el porvenir de una persona no está determinado ni por su familia, ni por sus amigos, ni por el barrio o pueblo donde nació. Todos tenemos oportunidad de autodeterminarnos, de elegir libremente quiénes somos y cómo queremos vivir. No hay mejores herramientas para librarnos de lo peor de nosostros mismos que la educación y el amor.

Es una pena que Lillo Brancato, el actor que interpreta a Calogero en la película, no aprendiera esa lección. O peor aún, que terminara creyéndose uno de esos matones descerebrados como el que interpretaba en la segunda temporada de los Soprano. En junio de 2005 fue arrestado por primera vez por posesión de drogas (heroina) y otros delitos menores. En diciembre de ese mismo año fue arrestado junto al padre de su novia tras un tiroteo con la policía. Sucedió en el Bronx y así recogía la noticia El País: El joven, de 29 años, trató de asaltar una casa del Bronx, al parecer para robar droga, junto con su cómplice, Steven Armento, de 48 años, pero fueron sorprendidos por un policía, con el que se cruzaron disparos. El agente, Daniel Enchautegui, murió de un disparo en el pecho, en tanto que Brancato y Armento resultados heridos de gravedad. Ambos acabaron ingresados en estado crítico en el centro hospitalario Jacobi Medical Center. Según los primeros indicios, Brancato no estaba armado, por lo que podría ser acusado de asesinato en segundo grado y robo, pero su cómplice podría enfrentarse a los cargos de asesinato en primer grado y posesión de armas.
Lillo Brancato, primero por la izquierda, en una escena de los Soprano
Tras el juicio Brancato fue condenado a diez años de prisión (su compañero que fue quien al parecer disparó el arma fue condenado a cadena perpetua). Según la wikipedia a partir de 2014 podrá solicitar la libertad condicional. Un final triste y paradójico. Brancato está viviendo en carne propia el desgraciado destino que Calogero supo esquivar en la ficción. Pero no conviene sacar ninguna conclusión aleccionadora. Como diría el propio Calogero, al fin y al cabo no se trata más que de otra historia del Bronx.

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sábado, 7 de julio de 2012

Ritual en San Javier

Anoche asistimos al concierto inaugural del Festival de Jazz de San Javier. Hace cinco años que acudimos por primera vez al auditorio del Parque Almansa y aquel día establecimos un ritual que repetimos con gusto en cada ocasión.


Para aquel primer concierto salimos de Cartagena con mucho tiempo de antelación, no fuera a ser que llegásemos tarde por no saber encontrar el camino o no tener donde aparcar. Decir mucho tiempo es quedarse corto. En menos de media hora recorrimos en autovía los 25 km que separan Cartagena de San Javier, localizamos el auditorio y dejamos el coche aparcado en una de las decenas de plazas libres que habían en el parking anexo. A dos horas del inicio no estaban abiertas ni las taquillas. Dimos un paseo por los alrededores: chalets y calles anodinas que desembocan en un polígono industrial. No encontramos ni un sitio apetecible para tomar un refresco o un helado y hacer tiempo.
Regresamos al Parque Almansa dispuestos a esperar pacientemente sentados en un banco a la sombra. El recinto seguía vacío, las taquillas cerradas. Nos llamó la atención una pareja que parecía esperar a que abrieran una puerta. Tenían toda la pinta de ser una de tantas parejas jubiladas de extranjeros que tienen una segunda residencia por la zona. Lo llamativo de la situación es que estaban esperando en una puerta situada en la parte posterior del auditorio, no en ninguna de las puertas señalizadas para que entre el público.

No sé si los extranjeros se percataron de nuestra presencia y también nos observaban con disimulo preguntándose qué haría esa pareja de treintañeros españoles sentados en un banco a semejantes horas, como unos novios de hace medio siglo. De repente la puerta ante la que esperaban se abrió, se asomó un chico con ademanes de portero, los señores mostraron su entrada, el chico les dejó pasar y la puerta se cerró nuevamente. Todo ocurrió muy deprisa.

 

¿Eso qué ha sido? Intrigados y aburridos ante la perspectiva de quedarnos media hora más en el banco sin nadie a quien observar, nos acercamos a la puerta misteriosa. Desde el interior llegaba el rumor de pasos y conversaciones en voz baja. Llamamos golpeando la puerta con palma de la mano. Al cabo de unos instantes salió el chico de antes. Le mostramos nuestras entradas al tiempo que preguntamos tímidamente si se podía entrar. No recuerdo que hiciera ningún comentario. Simplemente rasgó las entradas y cerró la puerta tras nosotros.

Entramos en un patio, situado a la derecha del escenario, habilitado como cantina. Había varias mesas y dos barras, una en la que sólo servían bebida y otra con cocina. Las mesas estaban ocupadas por extranjeros, casi todos parejas mayores como la que habíamos visto entrar. Nos quedamos en una de las barras, la que tenía cocina, un poco intimidados, como si nos hubiésemos colado en una fiesta sin invitación. Pero finalmente pudimos disfrutar de un refresco y una cerveza en un lugar apetecible con buena música de fondo.

Al rato notamos que los extranjeros pagaban sus cuentas y se acercaban a la puerta de rejas que separaba la cantina del auditorio, todavía vacío. Hicimos lo propio. Alguien de la organización dio su permiso y entramos en el auditorio antes que el público que accedía por las puertas señalizadas. Pudimos elegir la localidad desde donde mejor presenciar el concierto (excluyendo las reservadas a los abonados e invitados) sin agobios ni prisas.

Desde entonces siempre que vamos a un concierto a San Javier llegamos con media hora de antelación a la apertura de puertas, entramos por nuestro pasadizo secreto a la cantina y esperamos tranquilamente a que nos dejen pasar tomando una cerveza y anticipando la emoción del concierto. Ese es nuestro ritual.


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lunes, 2 de julio de 2012

Una reliquia

Hace poco, no recuerdo dónde ni a cuentas de qué, leí el nombre de Carmen Kurtz. Por el contexto inferí que se trataba del nombre de una escritora, nada más. Carmen Kurtz. Tenía la sensación de que no era la primera vez que oía hablar de ella. ¿Tal vez alguna recomendación de Muñoz Molina? Me quedé intrigado pero no lo suficiente como para acordarme de buscar el nombre en la wikipedia al llegar a casa.

Hoy me ha sorprendido Carmen Kurtz donde menos lo esperaba, en la estantería de la que era mi habitación en casa de mis padres. Ahí estaba el nombre, de eso me sonaba, de tantas veces que mi vista se habrá posado en el lomo de ese libro sin ser demasiado consciente de ello.

Duermen bajo las aguas es el título del libro. Edición del Círculo de Lectores, año 1961. El ejemplar pertenece a mi madre. Lo hojeo con curiosidad, buscando alguna reseña acerca de la autora. Merece la pena que reproduzca íntegramente los tres primeros párrafos:

LA AUTORA Y SU OBRA

Carmen Kurtz es acogedora, sencilla y trabajadora. Tiene una hija y una nieta y es viuda desde hace 5 años. Su origen está en una familia de la alta burguesía barcelonesa. Su padre, un hombre abierto, químico y farmaceútico de profesión, un intelectual. Su madre muere joven y su padre se vuelve a casar. Carmen estudia en el colegio Sagrado Corazón y el colegio Loreto.
Siendo niña todavía sufre una enfermedad larga y no prosigue sus estudios. A los 16 años tiene ya novio y enfoca su vida hacia el matrimonio como cualquier mujer de su ambiente y de su época. Pero no se casa hasta los 23 años. Antes tiene tiempo de pasar un año en Inglaterra y de preparar allí una licenciatura en lengua inglesa. Tiene también tiempo de pasar muchas horas con su padre y de sostener con él largas charlas.
A los 23 años conoce a un alsaciano, Pedro Kurtz, y se casa con él. Kurtz trabaja en una fábrica de cervezas. Van a vivir a Alsacia y tienen una hija. A los cinco años estalla la Segunda Guerra Mundial y él es llamado a filas. Carmen envía a su hija a España y entra a trabajar como secretaria en el consulado español. Por fin, en 1942, liberan a su marido y al año siguiente vienen a España. En 1957 Carmen se separa de su marido, que muere cinco años después.

Con esa muestra es suficiente para hacerse una idea del tipo de información que en 1961 era considerada oportuna para definir a "la autora y su obra". ¿Se imaginan una reseña similar en un libro de Torrente Ballester, Cela, Delibes o cualquier otro escritor varón coetáneo? Miguel Delibes es acogedor, sencillo y trabajador. Tiene un hijo y está casado desde hace 23 años... A los 16 años no pensaba en tener novia porque prefería dar paseos por el campo....


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jueves, 28 de junio de 2012

¡He aprobado selectividad!

Hace exactamente veinte años que hice el examen de selectividad (madre mía, veinte años). Por entonces la prueba consistía en ocho exámenes obligatorios (la parte común: comentario de texto, lengua, filosofía e idioma (inglés); y la parte específica que en mi caso fue matemáticas, dibujo técnico, física y química). Ahora la prueba consiste en cuatro exámenes obligatorios (la fase común: comentario de texto relacionado con la lengua y literatura española, idioma (inglés), filosofía o historia (una de las dos, el alumno elige la que prefiera), y otro examen a elegir de entre las materias de la modalidad de Bachillerato que se haya cursado) y en hasta otros cuatro exámenes voluntarios (la mayoría de los alumnos sólo realizan dos, el número máximo de asignaturas que entran en la ponderación para la nota de acceso a las carreras universitarias). Aquí explican mucho mejor la estructura de la prueba.

No hubiera imaginado que algún día me volvería a examinar de selectividad. Es cierto que la semana pasada no tuve que realizar ningún examen en la Facultad de Medicina junto al resto de alumnos de mi centro. Pero de alguna manera sentía que ellos se examinaban por mí, que la calificación que obtuvieran en el examen de Matemáticas era también una calificación indirecta a mi trabajo durante los dos años que les he dado clase. Confiaba en que harían un buen examen pero no las tenía todas conmigo. Más bien estaba convencido de que podían hacer un buen examen pero no estaba tan seguro de que lo hicieran. Al fin y al cabo sólo tres alumnos han venido a las clases de repaso en los días previos. ¿No podía ser eso un síntoma de dejadez? O tal vez estaban concentrados estudiando en casa y no querían perder el tiempo acudiendo a las clases de repaso (sospecho que eso es lo que yo habría hecho si en mis tiempos hubiera habido clases de repaso para selectividad). Ay, cuántas dudas y temores. Eso de examinarse por persona interpuesta no deja de ser un riesgo. Tu trabajo está en manos de lo responsables que decidan ser los alumnos y de la capacidad que tengan para controlar sus nervios ante una prueba que les intimida y a la que nunca antes se han enfrentado.

Entro en la sala de profesores en busca del alivio del aire acondicionado (el habitáculo destinado a albergar los Departamentos de Francés, Latín y Matemáticas es una sauna) y me entero de la esperada noticia: ya están las notas de selectividad. Nervios. Necesito el DNI de los alumnos para poder consultar su calificación. En Dirección me facilitan un listado. Voy consultando uno a uno. La primera sensación es de alivio, no se ha producido ningún desastre, los resultados son aceptables. Pero de inmediato el alivio se convierte en decepción. Vale, los resultados no son malos pero podrían haber sido mejores (De eso me acusan los alumnos, de que nunca estoy completamente satisfecho. Yo les respondo que de ellos siempre espero lo mejor porque sé que pueden llegar a conseguirlo).

Estudio las calificaciones más detalladamente y empiezo a valorar los resultados en su justa medida. La conclusión final tiene más elementos positivos que negativos. A saber:

Son nueve los alumnos de mi tutoría que se han presentado a la Prueba de Acceso. De ellos:
  • Ocho aprueban el examen de Matemáticas (obtienen al menos un 5).
  • Un alumno ha sacado un 10 en el examen de Matemáticas (ole mi Adrián).
  • Cuatro han obtenido más nota en el examen de Matemáticas que en ningún otro de la Prueba de Acceso.
  • Siete han obtenido mejor resultado en el examen de Matemáticas que en la calificación final de la fase común de selectividad.
  • La nota media de los nueve alumnos en el examen de Matemáticas es de 6.18
  • La nota media de los nueve alumnos en selectividad es de 5.40 (lógicamente la nota media sin contar Matemáticas sería todavía más baja).
Según voy asimilando estos datos se despeja cualquier rastro de decepción (aunque sigo pensando que podían ser todavía mejores) y me invade la euforia. Casi me pongo a dar saltos en la sala de profesores: ¡He aprobado selectividad!


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lunes, 25 de junio de 2012

1936

El verano también ha llegado a Radio3. Hoy, en dos programas diferentes, han puesto dos de las versiones más conocidas de Summertime, la de Janes Joplin y la de Billie Holiday. Ambas me gustan pero me decanto por Lady Day. No creo exagerar si afirmo que habré escuchado su versión de Summertime cientos de veces (no sólo Summertime, claro está, sino todo el disco recopilatorio).


Gracias a Radio3 descubro que Billie Holiday grabó Summertime y The way you look tonight (otra que he escuchado cientos de veces, incluido el día de mi boda) en 1936 cuando apenas contaba con 21 años. En concreto, Summetime fue grabada el 10 de julio de 1936. Ocho días antes del comienzo de la guerra civil. Me parece inconcebible.


Cuesta creer la coincidencia cronológica de dos mundos tan dispares como el de Billie Holiday y el de Moreno Villa. Hace unos años leí la autobiografía de Billie Holiday, Lady sings the blues, publicada en España por Tusquets. Recuerdo pocas cosas: su affaire con Orson Welles, como siendo una niña le impactó la música de Louis Armstrong, la adicción a la heroina, el racismo, una violación, la carcel... Una vida durísima.
Ayer terminé de leer la autobiografía de Moreno Villa, Vida en claro. A Moreno Villa le gustaba la música de jazz tocada por negros. Algo inaudito para una persona de su lugar y su tiempo. Este poema lo escribió en 1929 al poco de regresar de Nueva York, ciudad a la que fue para conocer a la familia de su prometida, una joven judía americana. Las cosas se torcieron y al cabo de unos meses regresó a España solo. La experiencia en Nueva York fue un poco surrealista entre otras cosas porque Moreno Villa sabía hablar alemán y supongo que algo de francés, pero no inglés. En esa época el inglés todavía no era el idioma dominante.

CAUSA DE MI SOLEDAD

No es afán de apartamiento,
sino atención al secreto.
Soy yo mi medio.
No es orgullo ni desdén,
sino hambre de conocer.
Soy pico y pared.
La solución de los otros
no me basta, siendo asombro.
Soy mi piloto.
Quisiera morir habiendo
sido poeta, carpintero,
pintor, filósofo, amante y torero.
¡Ah! Y cantor negro
de un jazz que siento
a través de diez capas del suelo.

Imagino a Moreno Villa a principios de 1937 en EEUU, en el comienzo de su exilio, intuyendo que nunca va a regresar a su tierra, escuchando por la radio a Billie Holiday cantando Sumertime.

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Pepito Piscinas

Poco antes de la diez de la mañana me encontraba en la piscina del gimnasio. Mil metros en poco más de veinticinco minutos. Disfrutando de la sensación de avanzar en el agua, la calle para mí solo. Las endorfinas hacen su trabajo y la sensación de bienestar se completa al repasar mentalmente lo que me espera en las próximas horas. Se palpan las vacaciones.


A las doce aproximadamente llegamos a la piscina del club. Al entrar en el aparcamiento Héctor exclama desde su sillita: "Esta piscina me gusta". Nos esperan los abuelos, los tíos y los primos. Parece verano. Ahora caigo en que es verano.


A las dos de la tarde, mientras Sonia le da de comer a Hector, bajo a darme un baño a la piscina del residencial. Es una piscina pequeña que apenas frecuentamos (y no frecuentaríamos de no ser por Héctor). Hace un sol de justicia y no hay un resquicio de sombra. El baño no dura más de cinco minutos. Suficiente para batir el record.


Por la tarde fuimos a ver el partido de España a casa de unos amigos en la sierra. La casa tiene piscina. Nos bañamos antes y durante el partido. A las once y cuarto de la noche, cuando salimos de la casa de nuestros amigos, el coche marcaba 26 grados. Veinte minutos más tarde, al llegar a la ciudad, el termómetro del coche alcanzaba los 32 grados.Verano cordobés. He cumplido el objetivo tonto que me marqué esta mañana bajo la influencia de las endorfinas: me he bañado en cuatro piscinas distintas (de instalaciones distintas) en un mismo día. ¡El sueño de cualquier niño!

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viernes, 22 de junio de 2012

El record de Azofra


Los aficionados al baloncesto habrán reconocido al personaje de la imagen. Se trata de Nacho Azofra, durante tantos años base del Estudiantes y actualmente director deportivo del mismo club. Fue un base original, muy identificado con la afición estudiantil (que le animaba al grito de "Nacho, borracho") y que sabía jugar de una manera cerebral o visceral según lo demandase el partido. Un jugador único, con gran personalidad dentro y fuera de la pista.
Hace poco leí unas declaraciones suyas en las que afirmaba que era más fácil repartir asistencias que fichar americanos. Y es que como director deportivo no le ha ido nada bien. Al punto de que el pasado mes se consumó el temido descenso. El Estudiantes, el Estu, club fundador de la liga de baloncesto, pierde la categoría por vez primera en su historia. Fue noticia en todos los medios. Triste noticia para los aficionados al baloncesto.*

A Nacho Azofra lo vi jugar en directo una vez. Fue en junio de 2005, en un partido del play-off de semifinales que enfrentaba al Estudiantes y al Real Madrid. El Estudiantes actuaba de local y fue un recuerdo inolvidable, por el juego en sí, por el ambiente en el coso (se jugaba en la plaza de toros de Vistalegre), por la carrefourada y por Juan. Ese partido también lo jugaron Herreros, Reyes, Jiménez, Suárez y Rodríguez, últimos superclases salidos de la cantera colegial. Y Louis Bullock, símbolo involuntario e inesperado de este trágico final de temporada. Estas son algunas de las fotografías que tomé aquel día:















Hoy recuerdo a Azofra con motivo de un record que ostenta. No se trata de un record conocido ni publicitado. Siempre se suele recordar al jugador que más puntos encestó, al que más rebotes atrapó, al que más tapones infringió, al que más asistencias repartió e incluso al que más partidos jugó. Nacho Azofra no es el primero en ninguna de esas categorías, aunque en alguna está cerca del podio. Jugó 705 partidos (el record lo tiene Rafael Jofresa con 758), 15.104 minutos (por 20.217 de Joan Creus), anotó 4.079 puntos (muy lejos de los 9.757 de su ex-compañero Alberto Herreros), capturó 1.432 rebotes (tampoco se acerca a los 4.277 de Granger Hall), repartió 2.221 asistencias (le gana de largo Pablo Laso con 2.879), recuperó 787 balones (1.212 recuperó el actual entrenador del Real Madrid) y taponó cinco lanzamientos en sus diecinueve temporadas en la liga ACB.

Todos los records mencionados en el párrafo anterior son meritorios pero dudo que ninguno llegue a ser más longevo que el record de Nacho Azofra. El gran base estudiantil llegó a jugar 584 partidos oficiales consecutivos, es decir, estuvo casi doce temporadas sin perderse un solo partido. Impresionante. Me sorprende que este record no esté recogido en las estadísticas de la ACB, ni tan siquiera en la ficha del jugador. Para conseguir una hazaña de este tipo es necesario la confluencia de, al menos, cuatro factores. A saber:
  1. Disciplina personal. En el caso de un deportista, si no cuida su cuerpo es imposible que pueda aguantar tanto tiempo sin algún tipo de percance. Paradójicamente, Azofra ha pasado a la historia como ejemplo de amateurismo, de alguien que parecía no tomarse en serio su profesión. "Nacho, borracho", le gritaban los dementes. El propio Azofra declaró en una ocasión: "nunca tuve la sensación de que esto se convertiría en una profesión y encima tan duradera, incluso estando en el primer equipo no era demasiado consciente de que mi futuro estaría ligado a este deporte". La clave nos la da Pepu Hernández: "A Nacho Azofra le entrene durante cuatro o cinco temporadas en su etapa de formación. Prácticamente le he visto crecer baloncestísticamente. Siempre ha sido un jugador muy especial porque entiende el juego como algo creativo. No especialmente sujeto a reglas, pero dentro de una disciplina personal muy arraigada en él y que le daba una gran personalidad aun siendo muy joven."
  2. Gusto por el juego. Hay que divertirse y no olvidar el espíritu de patio de colegio. Ser consciente del privilegio que supone hacer lo que uno quiere. Disfrutar de esa libertad y esa responsabilidad. Creo que Nacho Azofra simboliza como muy pocos jugadores esta virtud.
  3. Talento. Para llegar y mantenerse, claro. Para que el entrenador confíe en ti partido a partido una cifra inimaginable de veces.
  4. Suerte. Muchiiiiísima suerte. Incluso sin considerar el hecho tremendamente afortunado de no tener lesiones traumáticas en un deporte de tanto contacto y de tanto sufrimiento para las articulaciones como el baloncesto, ¿quién en doce años no ha tenido ni una gripe o una gastroenteritis que recomendase reposo en algún partido anodino de la liga regular? Hay que tener una suerte increible para que nada te impida jugar 584 partidos oficiales de manera consecutiva.
El record de Azofra es uno de los records deportivos que más me han impresionado y quizás el que más tengo presente. Hoy lo menciono porque yo también he conseguido batir un record personal. Mucho más terrenal y accesible pero tampoco fácil. En mi octavo curso como profesor he conseguido por primera vez asistir a clase todos y cada uno de los días. Desde el 15 de septiembre hasta el 22 de junio nada me ha impedido cumplir con mi trabajo. Ninguna dolencia física, ningún problema familiar (el año pasado tuve que faltar algunos días por enfermedad de Hector), ninguna celebración (ni permiso de paternidad, ni permiso por matrimonio), ningún examen oficial que realizar en horario de clase. Nada. Día tras día he conseguido el objetivo con algo de disciplina personal, un poco de gusto por el juego, una pizca de talento (espero) y mucha, mucha suerte.

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* Finalmente el Estudiantes no va a descender. El Club de Baloncesto Canarias 1939, que deportivamente se ganó el ascenso de categoría no puede hacer frente al canon que exige la ACB (casi cinco millones de euros) para poder participar en la liga. Así que la plaza que no va a ocupar el CB Canarias 1939 se la han ofrecido al Estudiantes que la ha aceptado. Una pena. El Estudiantes ya no podrá abanderar el espíritu romántico e idealista que siempre le ha acompañado. ¿Cómo hacerlo, sabiendo que no va a jugar en la máxima categoría por méritos deportivos sino por poseer una cuenta bancaria desahogada? Con estos antecedentes, ¿podrá "la demencia" seguir acusando de peseteros a los jugadadores del Real Madrid?

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miércoles, 20 de junio de 2012

Poptimismo a granel

En la radio del coche sólo se sintonizan dos emisoras. Por defecto, Radio3. Da igual horario y programa. Siempre alegra el ánimo. En caso de partido de fútbol me mudo al Carrusel Deportivo de la COPE (Sí, ya sé que el nombre del programa es otro, pero para mí siguen siendo "los del carrusel deportivo").

Esta mañana en Hoy empieza todo, Ángel Carmona estaba entrevistando a los componentes de The Birkins, un grupo canario de música pop. La entrevista se acompañaba con canciones tocadas en directo en el estudio.


Un música agradable pero, sin ánimo de ofender a los artistas, me parecían más interesantes sus respuestas a las preguntas de Ángel Carmona (un auténtico maestro del género. No le recuerdo ninguna entrevista aburrida y le llevo escuchadas un montón, casi siempre a personajes de los que nunca he oído hablar). Así me entero de que el objetivo del grupo es el pop optimista, el poptimismo. Me caen bien los chicos de The Birkins (el nombre es en honor de la cantante y actriz Jane Birkin). Muchas veces, escuchando a otros grupos nuevos, me pregunto, ¿por qué lo llaman indie cuando quieren decir pop? Parece que la música pop es vulgar, comercial, para oyentes sin cultura musical. Indie, en cambio, es sinónimo de guay, alternativo, culto, auténtico.


Poptimismo, qué gran hallazgo. Con esa idea me sumerjo en la piscina y nado mil metros seleccionando mentalmente canciones que siempre que las escucho me alegran el día. Especialmente cuando suenan de manera inesperada. He aquí parte de esa selección. Aviso para gourmets musicales: nadie espere ninguna joya desconocida. Son todas canciones archiconocidas, emitidas una y otra vez en cualquier radio fórmula. Lo que todavía les añade otro mérito: no se gastan, no pierden la capacidad de emocionar con el uso y el paso del tiempo.

1.- No surrender. Bruce Springsteen. Me quedé con las ganas de que la tocara en Sevilla. Por lo visto sí que la tocó en Madrid, en el maratoniano concierto del pasado domingo. Desde luego, Springsteen no se ha rendido ni se ha acomodado. Now I'm ready to grow young again, dice la canción. A fe que lo ha conseguido. A los 63 años hace falta tener algo más que espíritu juvenil para dar un concierto de tres horas sin parar un minuto de dar saltos y con un calor insoportable.

2.- I will survive. Gloria Gaynor. Esta canción me trae recuerdos inmejorables.


3.- Ahora que ya se huelen las vacaciones los chicos de la playa vienen que ni pintados. No soy capaz de decidirme por una y no tengo por qué. Wouldn´t it be nice y Good vibrations. No os perdáis los vídeos, sobre todo el primero:



4.- Ain´t no cure for love. Leonard Cohen. La alegría de estar enamorado. La felicidad de ser correspondido. Leonard Cohen lo expresa mucho mejor, claro. Por algo es Premio Príncipe de Asturias de las letras. I've got you like a habit and I'll never get enough ... And I call to you, I call to you, but I don't call soft enough.


5.- Friday I´m in love. The Cure. Lo ves en los alumnos: dormitan de lunes a jueves, pero entonces llega el viernes, San Viernes, como lo llaman y...


6.- Girls just want to have fun. Cyndi Lauper. Los chicos también queremos divertirnos, que conste. El vídeo ochentero también sube el ánimo. Esas calles de Nueva York.




7.- Faith. George Michael (con pintas de Lorenzo Lamas que no sabe qué hacer con la guitarra). La parte instrumental que suena a partir del minuto 2.20 es la que eligió Ramón Trecet para los títulos de crédito del mítico programa "cerca de las estrellas". Programa, por cierto, que emitían los viernes de madrugada. Otra razón para celebrar San Viernes.


8.- You can´t hurry love. The Supremes. Si se pudiera destilar poptimismo químicamente puro el resultado no sería otro que Motown. Difícil quedarse con sólo una canción:



9.- I want to hold your hands. The Beatles. Vaya, en el punto anterior se me ha colado la versión melenuda de Please Mr. Postman. Si es que ya no sabía cómo meter al cuarteto en la lista. Bueno, pues me he quedado a gusto. Ya son dos:


10.- Got my mind set on you. George Harrison. El beatle oculto por el megatalento de sus compañeros. El más joven. Un adolescente en Hamburgo, mediatación y sitar. Entre muchas cosas debemos agradecerle que produjera esa obra maestra que es La vida de Brian. A George Harrison le falta un buen biógrafo. El documental de Scorcese fue muy decepcionante. El bueno de George también sabía componer preciosas canciones pop, ligeras y pegadizas:


11.- Always look on the bright side of life. Monty Python. Que mejor manera de terminar esta entrada (ay, me podía quedar unas cuantas horas más seleccionando canciones) que con el mejor final de la historia del cine. Una curiosidad: se supone que los cruzificados deberían llevar puesto sólo el taparrabos. Pero el día del rodaje hacía frío y viento (esto último se aprecia) así que John Cleese y algún otro se negaron a desnudarse. Por eso están cruzificados con la túnica puesta, para no pasar frío. No lo olviden, amigos, siempre hay que mirar el lado positivo de la vida. Y si uno está de bajón nada como una dosis de poptimismo.



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domingo, 17 de junio de 2012

Quechua

Tiene nombre de valquiria o de princesa germánica. Nada que ver con su aspecto de india del Amazonas. Ecuatoriana, supuse la primera vez la vi, hace casi dos años. Boliviana en realidad.

- E, ¿a ti qué te gustaría estudiar?
- Arquitectura.
- Me han dicho que es una carrera dura (se me escapa el comentario, del que me arrepiento en seguida. No puedo evitar pensar en lo que le cuesta a E aprobar las matemáticas. Llega al cinco raspado con un esfuerzo admirable).
- En mi país no es tan difícil. Me gustaría construir casas allí.
- ¿Te gustaría regresar a Bolivia?
E no responde. Me sonríe como si no estuviera segura de la respuesta. O a lo mejor no quiere contarme lo que piensa. No parece estar entrenada para soltar una mentira piadosa y salir al paso de preguntas indiscretas.
- ¿Naciste aquí o allí?
- Allí.
- ¿Y con qué edad llegaste a España?
- Con diez años (ahora tiene quince o diciséis).
- Vaya, entonces sí que tienes muchos recuerdos de Bolivia. ¿Echas de menos a tus amigos, a tu familia?
E vuelve a sonreir. Al final contesta:
- A mi abuela, pero no la entiendo.
- ¿Cómo?
- Sí, profe, que a mi abuela no la entiendo porque sólo habla quechua. Es muy raro y no la entiendo.

La conversación se prolongó un rato más pero yo ya no estaba concentrado en ella. Si me hubiera enterado de que la abuela de E nació en Marte no me hubiera impresionado más.

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lunes, 11 de junio de 2012

Hace casi un siglo

La política me obligaba a vivir en tensión, como si cada día se salvase por milagro. Todo estaba pendiente de un hilo. Y, sin embargo, recuerdo esos años como apacibles. Sin duda porque había conseguido un trabajo público agradable y una situación económica suficiente para mis necesidades. Nunca llegué a ahorrar nada; el último día del mes gastaba el último céntimo.

José Moreno Villa

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domingo, 10 de junio de 2012

Despedida extraña

No me apetecía ir. Hace años que no voy a ninguna comida ni cena "de empresa", salvo las que celebramos de manera informal en el propio centro de trabajo. En estas ocasiones algún compañero se brinda a cocinar una paella o unas migas y por un módico precio echamos un buen rato en el taller de arte. Todos de pie, en corrillos, charlas con unos y con otros haciendo equilibrios para que no se te caiga el arroz del plato de plástico que sostienes precariamente con una mano (la otra mano se alterna en el uso del tenedor, el vaso, la servilleta, el pan y lo que se tercie). A esas comidas sí me apunto.

Lo que no me apetece es pagar 50 € por estar sentado dos o tres horas en un local cerrado, esperando a que traigan el siguiente plato, intentando mantener algún tipo de conversación amena con las dos o tres personas más cercanas en medio de un griterío generalizado. Y para colmo al día siguiente estoy para el arrastre. No, no y no. El motivo de la cena era la graduación de los alumnos de Bachillerato y Ciclos de grado superior. He trabajado muy a gusto con los alumnos de mi tutoría durante estos dos años (los dos años que yo llevo en el instituto, los dos años de su bachillerato), pero especialmente en este último. No quería hacerles el feo de no acudir a la cena de su graduación. Así que hice de tripas corazón y pagué en su honor los 37 € del menú (precio de crisis) dispuesto a soportar la cena lo mejor posible.

A las siete de la tarde empezó el acto de graduación propiamente dicho. Alumnos vestidos de gala; las chicas con tacones imposibles, algunos chicos manifiestamente incómodos con la chaqueta y la corbata. Parecían no saber cómo acomodar los brazos. Familias y profesores con ropa de diario. Si acaso con un afeitado más cuidado y una camisa un poco más vistosa de lo habitual. Todos  reunidos en el patio del instituto, dispuestos a escuchar los discursos (más o menos elocuentes pero todos emotivos) y a aplaudir la imposición de becas y entrega de orlas.

Después una copa de confraternización en el otro patio. Profesores felicitando a alumnos y padres. Padres y alumnos agradeciendo su trabajo a los profesores. Todos felices repartiendo sonrisas, piropos y parabienes. Una fiesta de autocelebración: ¡Lo hemos conseguido! El éxito de los alumnos también es vivido como propio por familias y profesores. El chorro de alegría resulta balsámico, especialmente después una semana de exámenes finales y sesiones de evaluación de una tensión inaguantable.

A las diez y media comienza la recepción en el hotel Alfaros. En un patio con piscina sirven los aperitivos. Es enternecedor escuchar los comentarios entusiasmados de alumnos que nunca antes habían entrado a un hotel de esa categoría. Me sorprende y desborda el cariño con el que nos tratan los alumnos. Incluso se disputan los asientos libres en la mesa que tenemos asignada los profesores que les hemos dado clase.

Una vez que entramos en el salón para cenar ocurre lo de siempre: el ruido del ambiente me aisla. Esta vez no es un aislamiento incómodo. Más bien melancólico. Observo uno a uno a los chavales con los que he compartido gran parte de mi tiempo en los últimos dos años. Casi un tercio de mis horas lectivas en este periodo (5 horas de 18 el curso pasado; 6 horas de 18 en este). La proporción aumenta notoriamente si incluyo las horas no lectivas: reuniones con padres, charlas por los pasillos, alguna excursión... Los observo y no puedo reconocer a los alumnos que han sido hasta hace una semana. De repente los veo mayores, casi adultos. Sé que es un espejismo provocado por los trajes que visten y las circunstancias del momento pero no me cuesta nada imaginarlos con treinta años. Me gustaría saber qué va a ser de sus vidas.

Mirando a mi alrededor, sumido en estos pensamientos, me fijo en Paco, un compañero de Departamento al que estimo y que se traslada a otro centro el próximo curso. Un excelente compañero, un profesional como la copa de un pino que siempre estaba dispuesto a echar una mano y que me ha ayudado mucho en estos dos años. También lo echaré de menos. Caigo en la cuenta de que por primera vez desde que soy profesor me tengo que despedir de gente que se va mientras yo me quedo. Hasta ahora había sido al revés, yo me iba y los demás se quedaban (o también se iban, pero a efectos prácticos era lo mismo. La despedida radicaba en que yo me iba, dejando atrás alumnos, compañeros, centro e incluso localidad). Parece que las despedidas son más tristes cuando son los demás los que se van.

Los camareros sirven cava. Reúno a los alumnos de mi tutoría para proponer el último brindis. No recuerdo qué dije pero sí lo que quise decir. A pesar de que en estos dos años hemos tenido algunos disgustos, cosa inevitable, lo cierto es que tengo que agradecerles su comportamiento en todo este tiempo. Han formado un grupo de una gran calidad humana, que va a dejar un buen recuerdo en todos los profesores que le hemos dado clase. Los voy a echar de menos. El curso que viene se me va a hacer extraño acudir al instituto y no darles clase ni verlos por los pasillos. Les deseo lo mejor.

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martes, 29 de mayo de 2012

La mala educación

Creo recordar que fue Charles Dickens quien escribió en Una historia en dos ciudades aquello de "Le tocó vivir tiempos difíciles... como a todos los hombres". La frase me vino a la cabeza hace una semana, en la charla que les dieron a los alumnos de 2º de Bachillerato para informarles sobre los ciclos formativos de grado superior. No hay duda, a estos chavales les va a tocar vivir unos tiempos difíciles. El futuro se anuncia negro.


Perspectivas de la evolución del PIB español

Hablemos de los alumnos de 2º de Bachillerato nocturno. Teníamos puesto el examen de la tercera evaluación el pasado 22 de mayo. Cuando se convocó la huelga en el sector educativo para ese día les sugerí la conveniencia de cambiar la fecha del examen (sólo se podía adelantar, puesto que el 22 era el último día lectivo con clase de Matemáticas). Se negaron en rotundo porque, según ellos, la semana previa la tenían completa de exámenes y no podían dedicar tiempo a estudiar Matemáticas. Yo no pensaba secundar la huelga así que la fecha bien se hubiera podido mantener, pero no quería correr el riesgo de que ocurriese algún inconveniente y el examen no pudiera celebrarse con normalidad, sabiendo que no había ninguna posibilidad de volver a realizarlo más adelante.

Llegamos al acuerdo de poner el examen el lunes 21 a las 16.30, fuera de mi horario de trabajo. Así se hizo. Cuando entregaron el examen los alumnos me preguntaron que para cuándo tendría las notas. "Mañana", contesté, "venid a clase y podréis ver vuestros exámenes corregidos y resolvemos las dudas que tengáis sobre el examen de suficiencia" (El examen de suficiencia es mañana, martes 29).


Evolución del mercado laboral español
"Pero es que mañana no tenemos por qué venir. ¿No podrías mandarnos las notas por correo electrónico?" Me quedo tan asombrado con la propuesta que no consigo reaccionar. Cuando salgo de mi estupor ya se han marchado. Parece mentira que después de casi nueve meses de decepciones, todavía sean capaces de decepcionarme una vez más. Debo ser un iluso sin remedio.

No les informé de la nota por correo. De hecho estuve a punto de no mandar correo alguno. Pensé en pinchar la información en el tablón de anuncios. La enseñanza de adultos es presencial y el que quiera informarse que mueva el culo y se acerque al centro. Finalmente les mandé un correo con la lista de los alumnos que se tienen que presentar a suficiencia (todos menos dos). No quiero que luego digan que no estaban enterados (aunque sea su responsabilidad asistir a clase para enterarse).


Parados con una o más carreras universitarias
Hablemos de M, un alumno que podría aprobar el curso muy tranquilamente. El año pasado le quedaron Lengua y un trimestre de Matemáticas para septiembre. Los recuperó sin problemas. Siempre va al mínimo esfuerzo. A trancas y barrancas, apurando todas las recuperaciones llega a la última evaluación sin materia pendiente. Entonces vuelve a relajarse. El día 11 de mayo tuvimos el examen final de la 3ª evaluación. Lo entrega en blanco. El día 18 de mayo, sólo siete días más tarde y después de estar toda la semana pagando clases particulares (según confesión propia), se queda a medio punto de aprobar. Hoy, 28 de mayo, tenía la última oportunidad antes de septiembre de aprobar la materia. Sólo tenía que estudiar la 3ª evaluación. No se ha presentado al examen ni nadie de su familia se ha puesto en contacto para notificar su ausencia.


Habría que añadir el porcentaje de ninis que están matriculados en alguna enseñanza oficial

Hace más de un mes Jefatura de Estudios me entregó un borrador con el calendario de exámenes finales de 2º Bachillerato. En ese borrador estaba previsto que hoy se celebrasen los exámenes de Inglés y Matemáticas. Los alumnos de mi tutoría, al ser informados, me pidieron que por favor no coincidieran estas dos asignaturas el mismo día. Trasladé su sugerencia a Jefatura y se tomó en cuenta. El calendario oficial se publicó el día 4 de mayo. Informé en clase y se pinchó un cuadrante en el tablón que hay en el aula junto a la pizarra (si bien es cierto que el cuadrante desapareció al poco, pero hay más cuadrantes en diversos tablones por los pasillos). Esta mañana cuatro alumnos se han presentado al examen de Inglés, que está previsto para mañana. El examen de Geografía, que es lo que tocaba en ese momento, lo han entregado en blanco porque pensaban que lo tenían mañana (¿y cuándo tenían pensado empezar a estudiar Geografía, digo yo?).

Ni estudian Ni trabajan
P y L, dos alumnas de mi tutoría. Vienen a buscarme esta mañana al departamento porque quieren hablar conmigo. El examen de Matemáticas es dentro de una hora:
- Profe, queríamos preguntarte una duda que tenemos.
- ¿Cuál?
- Es que pensamos que no hemos estudiado lo suficiente. ¿Qué hacemos? ¿Nos presentamos al examen?
- No entiendo bien la pregunta. Esto no es como la Universidad, aquí no corre convocatoria. No perdéis nada por presentaros.
- Pero es que no sabemos si vamos a saber hacerlo y para dejarlo en blanco...
- La mejor forma de comprobar si sabéis hacerlo es intentar hacerlo.
- Sí pero es que...
- La decisión de presentarse o no al examen es vuestra. Es una decisión personal. Yo no conozco vuestras circunstancias ni sé cuánto tiempo habéis dedicado al estudio, ni lo mal que os puede hacer sentir un examen para el que pensáis que no estáis preparadas. Yo os aconsejo que os presentéis. A partir de ahí es vuestra decisión y vuestra responsabilidad.
Una hora después ninguna de las dos se encontraba en el salón de actos.


Graduados en segunda etapa de educación secundaria
Estamos hablando de alumnos que tienen 18 años en el mejor de los casos y 21 en el peor ("adultos"). Alumnos que son la élite del centro. Son los que han conseguido llegar al último curso del Bachillerato. No estamos hablando del altísimo porcentaje de alumnos que abandonan sin el título de la ESO ni de los que deciden finalizar sus estudios con ese título. No deja de sorprenderme la nula responsabilidad que quieren aceptar incluso sobre su propia vida. ¡Vienen a buscarme para que les "de permiso" a no hacer el examen! Están deseando que alguien tome la responsabilidad de decidir por ellos.


Panorama de la educación 2011

Las estadísticas que estoy insertando me las ha facilitado el compañero de ciclos que dio la charla mencionada a los alumnos de 2º de Bachillerato. Están sacadas de la presentación con la que fue ilustrando sus explicaciones.


Nivel de formación de la población adulta
Es verdad que son tiempos difíciles, que el panorama es desolador. Es cierto que los chavales son víctimas de la pésima educación que les hemos dado. No me refiero sólo a la falta de conocimientos curriculares (que también), sino a la falta de autonomía, al poco dominio del lenguaje (no hablemos de idiomas extranjeros), a la falta de disciplina y esfuerzo para conseguir sus objetivos, a su absoluta falta de asunción de responsabilidades.

Pero también es cierto que estos chavales han tenido (y tienen) más oportunidades y más recursos a su disposición que ninguna generación anterior de españoles. Y también es cierto que llega un momento, una edad, en el que uno es responsable, aunque sólo sea en parte, de lo que le sucede. Estos chicos, la mayoría de los que conozco, tienen en sus manos la posibilidad de un futuro mejor. Y deciden desperdiciar esa oportunidad. Lo deciden ellos solos, sin que ningún recorte educativo se lo imponga.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Noticias encadenadas


Ayer los medios locales traían en primera plana una fotografía como esa. Córdoba bate el récord de sevillanas, titulaba El Día de Córdoba. El periodista R. de la Haba se mostraba un poco más excéptico en su crónica del Diario Córdoba: Nadie vio a ningún jurado del Guiness, aunque la organización juraba que haberlo lo había. Nadie lo subió tampoco al escenario de la Caseta Municipal, que hubiera sido lo suyo para evitar suspicacias. Pero el speaker , tras preguntar al notario Rafael Díaz-Vieito --buscado y llevado de urgencia porque, dijeron, falló el titular y que, por esa misma circunstancia, llegó casi una hora después de que se hubieran atacado las sevillanas para batir la marca--, proclamó que Córdoba había conseguido el nuevo récord Guiness de parejas bailando sevillanas al mismo tiempo y en el mismo lugar. Pues vale. El Guiness dirá. De momento, lo que el señor notario certificó es que había habido "exactamente" 780 parejas bailando, aunque hay que insistir en que en teoría no las vio, sino que lo hizo en base a los boletines de suscripción. Pues vale. El Guiness dirá si el anterior récord, que ostentaba Sevilla con 652 parejas, se ha barrido. Mientras tanto, para dar fe de que fue así, además del notario, subieron al escenario Rafael Jaén y Amelia Caracuel, los delegados mano a mano de Festejos para esta Feria, y el agente 9041 de la Policía Local. "Llevo aquí desde las tres de la tarde y doy fe de que ha venido mucha gente", dijo, más o menos, en medio de un murmullo de sonrisas entre los presentes a un acto promovido por Pascual González y Los Cantores de Hispalis, y respaldado por el Ayuntamiento, que comenzó ilusionante y acabó, por todo lo dicho, con un sabor a chapuza innecesario. Y habrá que insistir en que a lo mejor solo fue la impresión, pero nadie la disipó. Nadie vio a nadie del Guiness. Y el Guiness dirá. Y no necesariamente en playback , como también sonaban, quizás solo sonaban, quizás solo fue una impresión, las sevillanas.

Después del fiasco de la capitalidad cultural y de que en la UNESCO no supieran apreciar los patios cordobeses en su justa medida, ahora sólo faltaba que los del récord Guiness no certificaran que somos los más marchosos de toda andalucía. ¡El mundo en nuestra contra!


Los periódicos de hoy recogen la noticia de la huelga de ayer. Así me entero de la iniciativa que algunos alumnos de la UCO (no se informa de cuántos) están llevando a cabo para protestar por los recortes. Mantuvieron un encierro la noche previa a la huelga en la Facultad de Educación. Ahora anuncian que piensan retomar el encierro el día 29 de mayo y en esta ocasión lo harán de manera indefinida. Y uno se pregunta, ¿por qué esperar al día 29? ¿a qué viene este anticlímax del espíritu reivindicativo? ¿acaso necesitan acaparar víveres dado el carácter indefinido del nuevo encierro? Entonces caigo en la cuenta de que la Feria termina el domingo 27 de mayo. Lunes de resaca y martes a encerrarnos en la Facultad. ¡Qué buen plan! Bastante sacrificio hicieron los encerrados no pudiendo participar el lunes por la noche en la conquista del récord Guiness de sevillanas. No se les puede exigir más.


Otra de las noticias del día ha sido el último disparate de la presidenta de Madrid. La bombero pirómano, encantada de haberse conocido y jactándose de decir las cosas tal como las piensa, sincera y honesta a la par que liberal. Lo que está claro es que esta señora no es ni inútil ni estúpida. Seguramente piense que los españoles podríamos estar preocupados por las consecuencias que nos puede traer la desviación en el déficit de la comunidad que preside, o por la reciente nacionalización de Bankia o incluso por los recortes educativos de los que ella es adalid y precursora. Todos asuntos espinosos, en los que la señora presidenta tiene una acusada responsabilidad, y que están comprometiendo nuestro presente y nuestro futuro. Pero no, por lo visto el verdadero problema que tenemos es que los aficionados del Barca y el Athletic puedan pitar el himno nacional en la final de la Copa del Rey. Hay que tomar medidas urgentes. ¡Que se suspenda el partido!

¿Qué mejor manera de desviar la atención? Si al final van a tener razón sus botafumeiros, esta mujer tienen una mente brillante. Fútbol y nacionalismo bien mezclados. ¿Hay mejor opio para el pueblo?


Pues sí. Fútbol y Feria bien mezclados. FF. Hoy resaltan los periódicos locales la victoria del Córdoba frenta al Cartagena, dejándo al equipo, a falta de dos jornadas por disputarse, en situación muy ventajosa para acceder a los playoffs de ascenso a Primera. El estadio de fútbol Nuevo Arcángel está situado en el recinto ferial, así que los aficionados pueden disfrutar de la Feria antes y después del encuentro. El próximo domingo día 27 el Córdoba juega en su estadio el penúltimo partido de liga. Es el último día de feria. Si el equipo gana es posible que se asegure matemáticamente la plaza en los playoffs. ¿Se puede pedir más, celebrar una victoria histórica de tu equipo en la Feria? No, no se puede. La resaca también será histórica. Menos mal que los estudiantes de la UCO lo tienen todo bien pensado y hasta el martes 29 no reanudan las reivindicaciones. Los recortes son los recortes pero lo importante es lo importante.

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martes, 22 de mayo de 2012

Otra huelga

En apenas dos años he sido convocado a cuatro huelgas.

La primera de ellas fue el ocho de junio de 2010. Estábamos convocados los funcionarios de todas las administraciones para protestar por los recortes de Zapatero, particularmente por la famosa bajada de sueldo. Fui de los pocos que secundó la huelga. He de decir que me sorprendió el escaso seguimiento. Tanta protesta en la cafetería, tanto rajar de ZP y a la hora de hacer pública y notoria la protesta todo el mundo fue a su trabajo como si tal cosa. Moraleja: se puede bajar los sueldos de los funcionarios y no pasa nada. Es más, el gobierno de Griñán acaba de tomar exactamente la misma decisión sabiendo que le va a salir gratis, políticamente hablando.

El resultado es que después de la huelga ni se nos restituyó el sueldo (es más, como digo, nos lo han vuelto a bajar sin que ningún sindicato alce la voz) ni se continuaron las movilizaciones para conseguir este objetivo. Y esto es lo que no consigo entender. ¿Para qué se convoca una huelga? ¿Sólo para manifestar digusto hacia las medidas del gobierno? Vamos, por favor, hay muchas otras formas de manifestar digusto (véase 15M, por ejemplo). No es necesario perder un día de trabajo (y de sueldo).

Las dos siguientes, el 29 de septiembre de 2010 y el 29 de marzo de 2012 fueron huelgas generales. No secundé ninguna. Ni siquiera me lo planteé. Me había dejado muy mal sabor de boca la primera experiencia.

Hace dos o tres semanas los sindicatos convocaron para hoy una huelga en todo el sector de la enseñanza pública, desde infantil hasta la universidad. El motivo es protestar contra los recientes recortes educativos. En defensa de la enseñanza pública. Yo también estoy por la defensa de la enseñanza pública pero creo que para convocar una huelga es necesario que se den una serie de factores que ahora no se están dando.

Como ya escribí aquí, pienso que una huelga es un recurso de presión que tienen los trabajadores para mejorar sus condiciones laborales. Es un recurso que supone un coste importante a todos los afectados. Supone un coste para los clientes o beneficiarios del servicio que dejan de recibirlo, supone un coste para los empresarios que pierden oportunidades de negocio o cancelaciones de contratos, supone un coste político para la Administración que está obligada a ofrecer unos servicios públicos de calidad, supone un coste para los trabajadores que dejan de recibir su salario durante el tiempo que dure la huelga, y también supone un coste para el conjunto de la sociedad que sufraga mediante los impuestos unos servicios e infraestrucuturas que no se utilizan o se infrautilizan durante la huelga.

En resumen, una huelga nunca es deseable y precisamente por estas razones es siempre el último recurso en una negociación o en una reivindicación. Antes de llegar a la huelga (y en todo caso al mismo tiempo que se hace huelga) se deben llevar a cabo una serie de acciones tales como elevar propuestas, entablar negociaciones, convocar reuniones informativas, redactar manifiestos, convocar y asistir a manifestaciones, implicar en lo posible al conjunto de la sociedad en la resolución del conflicto, organizar campañas de protesta, etc, etc. El abanico de posibilidades es amplio.

Como todo último recurso no deseado, una huelga sólo debe ser convocada cuando hay consenso entre los trabajadores sobre su utilidad y cuando estén dispuestos a realizar los esfuerzos necesarios (incluidos los económicos) para conseguir el objetivo. Una huega, aislada, para protestar, no sirve de nada. Si de verdad se pretenden conseguir los objetivos es necesario quemar las naves. No hay vuelta atrás. Se convoca una huelga de una semana, y si al cabo de la semana el gobierno no se sienta a negociar se amplía la huelga a la semana siguiente. Así se presiona para conseguir los objetivos, que es para lo que debería servir una huelga. Para protestar, ya digo, hay otros métodos menos costosos e igual o más efectivos.

Tampoco estoy conforme con los motivos que sustentan la huelga de hoy. Me explico. Como escribí en este mismo blog hace tiempo: la mayoría de la sociedad asiste inpertérrita a los recortes sociales como si fueran simples conflictos laborales. No debería ser solo el personal sanitario de Cataluña el que proteste, deberían protestar todos los enfermos potenciales, es decir, TODA LA SOCIEDAD. Y lo mismo con la enseñanza en Madrid y Castilla La Mancha. No debería ser un pulso entre profesores y gobiernos autonómicos, debería ser un pulso entre toda la sociedad y esos mismos gobiernos. Entonces SEGURO que se podrían encontrar medidas alternativas para reducir el déficit.

No somos los profesores los que debemos protestar contra los recortes educativos. Es la sociedad en su conjunto la que debe hacerlo. Los profesores lo que debemos hacer es informar de la manera más rigurosa posible a la sociedad de cómo van a afectar los recortes a la calidad de la enseñanza. Los profesores podemos, por el conocimiento que tenemos de la materia y por la cuenta que nos trae, liderar las protestas pero nunca monopolizarlas. Porque, además, corremos el riesgo de caer en la insidiosa trampa dialéctica que proponen la presidenta de Madrid o el ministro de Educación. Míralos cómo protestan, y todo porque tienen que trabajar dos horas más. ¡Con las vacaciones que tienen y encima se quejan!

Los que llevamos tiempo trabajando en esto sabemos que cuando hay un problema en un instituto que requiere una inversión importante o la intervención de la autoridad educativa (por ejemplo, no funciona la calefacción, o una mala práctica profesional ostensible y reincidente) sólo se soluciona cuando los padres actúan. Una manifestación de padres de alumnos en la puerta de la delegación. ¡Eso es lo que temen los políticos no una huelga (encima fallida) de profesores!

Si de verdad queremos evitar los recortes educativos debemos demostrar y explicar a la sociedad (a los alumnos, a los padres de los alumnos) por qué los recortes son tan perjudiciales. Y convencerlos para protestar todos juntos. Argumentar y desmontar las mentiras del gobierno. Igual que cuando no funciona la calefacción. Si no convencemos previamente a la sociedad toda protesta será inútil e incluso contraproducente para el colectivo de profesores. Puede dar la impresión de que camuflamos reivindicaciones laborales en el manto del interés general.

Ante el baile de cifras habitual un dato fidedigno. En mi instituto hemos acudido a trabajar 49 de los 85 profesores que integramos el claustro.

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